Barbanza y sus 174 playas oficiales

La Xunta acaba de aprobar el catálogo en el que clasifica las áreas de baño y del que resulta que casi un tercio de los arenales de la zona tienen la consideración de urbanos


Ribeira / La Voz

Podría pensarse que a estas alturas cualquiera, y sobre todo las Administraciones, conocen el litoral barbanzano como la palma de la mano y no existen problemas para identificar las zonas de baño que salpican la costa. Nada más lejos de la realidad. De hecho, para mayor seguridad jurídica y para aclarar el reparto de competencias de cada cual sobre los arenales, la Xunta acaba de dar el visto bueno al catálogo que recoge la relación oficial de las playas de Galicia. Según este documento, que se ha remitido al Consello Consultivo para que emita el informe preceptivo, en los municipios costeros del área de Barbanza se contabilizan un total de 174 arenales.

En contra de lo que pudiera parecer, hay algunas sorpresas en esa relación, ya que aparecen playas desconocidas, o que solo tienen localizadas los vecinos que viven en las proximidades. Por ejemplo, a Noia suelen atribuírsele tres zonas de baño: Boa grande y pequeña y Testal. Sin embargo, en el catálogo figuran el doble, seis, y se incluyen arenales como Mexilloeira o Xurxosiños. Algo parecido ocurre en el caso de Outes, que en la lista confeccionada por la Administración autonómica cuenta con cuatro playas, y a la de Broña, la más visitada, se unen la de Bitareira, la de Siavo y la de Arnela o Cambrona. Esta última se encuentra en el límite del municipio outiense con Muros, así que ambos se reparten su titularidad.

Otra zona del litoral en la que se da una situación parecida es Espiñeirido, que marca la frontera entre Ribeira y Porto do Son y cada concello se ocupa de una parte del arenal.

Por tipologías

Además de identificar cuántas playas hay y a qué ayuntamientos pertenecen, el catálogo elaborado por la Administración autonómica también establece una clasificación de las zonas de baño según su tipología y fija tres categorías. Por un lado, están las consideradas urbanas, que en el conjunto del territorio barbanzano son 41 (el 23,5 % del total). Para encuadrarse en esta modalidad deben estar integradas en áreas urbanas y cumplir con requisitos como estar consolidadas por la edificación de un mínimo de un 50 % de su longitud o estar dotadas de acceso peatonal y rodado y disponer de suministro de agua potable, energía eléctrica o red de saneamiento.

La mayoría de los arenales de la comarca (133) se encuadran en la categoría de naturales, es decir, aquellos que no cumplen los requisitos anteriores. Sin embargo, puede darse la circunstancia de que una misma zona de baño cuente con ambas clasificaciones. Ocurre, por ejemplo, con Coroso en Ribeira, A Corna en A Pobra, Coira en Portosín o Parameán en Muros.

A mayores, existe una tercera tipología: las playas urbanas enmarcadas en ámbitos en los que se aplica un plan de protección o conservación de especies. En estos espacios los usos y actividades que se realicen deben ser acordes con lo establecido en los instrumentos de planificación correspondientes y contar con la autorización o informe del órgano competente en materia de patrimonio natural en los términos previstos en la normativa.

En esta situación se encuentra el menor número de arenales de la zona, ya que, según el catálogo autonómico, son ocho, y la mitad están en Ribeira. El resto se reparten entre Boiro, A Pobra, Porto do Son y Carnota.

Una treintena

En cuanto a la distribución de las 174 zonas de baño identificadas en los nueve municipios costeros del territorio barbanzano, Muros se lleva la palma con una treintena. En concreto, son 31 las contabilizadas, mientras que Ribeira y Porto do Son se disputan el segundo puesto del ránking. El término sonense, con 29, lleva la delantera con una de ventaja.

Carnota tiene 23, el municipio pobrense 22, Rianxo una decena y cierran la clasificación Noia y Outes, con seis y cuatro.

Una forma de definir los límites de actuación de las Administraciones

La elaboración de esta catalogación de los tramos urbanos y naturales de las playas responde, en primer lugar, a lo establecido en el reglamento general de Costas. Pero fuentes de la Xunta también destacaron que su finalidad es definir una norma concreta que aporta seguridad jurídica a la actuación en los arenales al tiempo que se definen los límites de actuación de las distintas Administraciones dentro de su ámbito competencial. En este sentido, indican que las zonas de baño pertenecen al dominio público marítimo terrestre y, por tanto, dependen del Estado, que fija su régimen de protección. Sin embargo, al Gobierno autonómico le corresponde su ordenación mediante los instrumentos de planificación necesarios, mientras que a los ayuntamientos les toca planificar los usos del suelo, siempre de acuerdo con la ley de Costas.

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