Las cunetas de la represión en la AC-305

El tramo de la carretera comarcal entre A Burata y Amanecida fue escenario de varios asesinatos


Ribeira / La Voz

La carretera comarcal AC-305 fue durante décadas la principal vía de comunicación que vertebraba Arousa norte, pero en su historia se escribieron también capítulos muy oscuros de los que todavía quedan restos. A orillas del vial a su paso por Ponte Beluso, en una curva cerrada junto a un aserradero que hoy está completamente arruinado, de vez en cuando aparece un ramo de flores colgado en un pequeño murete. Cualquiera pensaría que la ofrenda es el recuerdo de alguna vida perdida sobre el asfalto en un fatídico accidente de tráfico, pero los vecinos de la zona cuentan otra historia que tiene que ver con la represión y una Guerra Civil que manchó de sangre esas cunetas.

Dicen los residentes en la zona que los ramilletes que de cuando en vez aparecen colgados a orillas de la carretera comarcal en Ponte Beluso los pone la familia de un hombre del municipio rianxeiro asesinado en ese lugar durante la guerra y cuyos descendientes se niegan a permitir que caiga en el olvido. Pueden pasar meses antes de que cambien las flores, pero siempre hay algún manojo de plantas colgado en su recuerdo.

Sin embargo, este hombre no fue la única persona que encontró una muerte cruel junto a la carretera que une Rianxo y Boiro, sino que en un tramo de apenas unos metros, entre el lugar de A Burata, en Taragoña, y Amanecida están documentados varios asesinatos.

Dos hermanos

Uno de los casos más dramáticos tuvo lugar a escasos metros del punto en el que aún hoy se depositan flores. En la zona de A Burata se dio muerte en octubre de 1936 a dos hermanos de Escarabote, José y Maximino Somoza Piñeiro. Tenían apenas 22 y 24 años de edad, eran marineros y su delito fue militar en las juventudes socialistas.

Su caso fue recogido por Xosé Comoxo y Xesús Santos en el libro que escribieron sobre la Guerra Civil en la comarca, donde apuntan la crueldad con la que actuaron los ejecutores de los dos jóvenes boirenses. Según el testimonio recabado por los historiadores, primero mataron a uno de ellos, que cayó por un terraplén a una viña, y cuando mandaron al otro a buscar a su hermano, le dispararon por la espalda. Sus nombres están grabados en el monumento en memoria de los represaliados erigido en la rotonda de Cimadevila, en la entrada a la villa boirense, después de que el BNG les dedicase un homenaje por el Día da Galiza Mártir en agosto del 2017. Al acto en recuerdo de José y Maximino asistieron dos sobrinos.

Otro boirense, Gerardo Piñeiro, figura también en la lista de barbanzanos fusilados a orillas de la que más tarde sería la carretera AC-305, una relación siniestra en la que aparece otro vecino de la parroquia rianxeira de Taragoña.

En Amanecida

Fue apenas unos metros más allá del lugar en el que se ejecutó a los hermanos de Escarabote donde encontró la muerte José Ces, conocido como O Lorcho.

Vivía en Ourolo y un buen día lo sacaron de su casa para llevárselo. Lo metieron en un coche, pero no fueron muy lejos, ya que lo ejecutaron nada más pasar Ponte Beluso. Detrás del vehículo salieron corriendo su mujer y su suegra, que por el camino oyeron los tiros que acabaron con su vida. Lo encontraron en Amanecida.

En su libro, Santos y Comoxo dan cuenta de otras cunetas de la AC-305 bañadas de sangre. En la frontera de Rianxo con Dodro, en A Paradegua, tienen constancia de al menos otros dos barbanzanos asesinados: un vecino de Belles y un rianxeiro conocido como Fonte Vella.

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