El futuro de la atención social europea

Seis jóvenes estuvieron integradas en un centro de artes marciales de Oxford que ayuda a niños con problemas, residencias de mayores o casas para mujeres maltratadas


ribeira / la voz

Posiblemente conozcan a alguien que ha participado en un Erasmus, que les habrá hablado de una experiencia inolvidable perfecta para crecer como persona mientras viajas y conoces lugares y gente nueva. No obstante, si hablamos del proyecto de prácticas de formación profesional europeo del instituto rianxeiro Félix Muriel -un exigente programa en el que solo participan 12 centros gallegos- a eso hay que añadirle ingredientes como haber estado ayudando a niños con trastornos, mujeres maltratadas, personas con diversidad funcional e incluso haberse sacado su primer cinturón de karateca.

Estas son algunas de las experiencias de seis chicas que se titularon en el ciclo de Atención Sociosanitaria de este centro educativo barbanzano y que participaron en la primera fase de una iniciativa que las ha llevado a conocer cómo se trabaja en este ámbito en Reino Unido, Italia y otros países. Tras haber comprobado de primera mano la vanguardia de lo social en Europa, relataron sus vivencias durante tres meses y medio y cómo estas han influido a la hora de dibujar su futuro profesional.

Ayudar con el kimono

«Cambioume a vida por completo e a dirección que ía tomar nela», así resume su paso por Oxford la catoirense Aida Sabarís, donde estuvo trabajando en una escuela de artes marciales que ayuda a personas con diversidad funcional, junto a la boirense Cristina Costoya y a la vilagarciana Andrea Herbón. «O mellor de todo foron os intercambios culturais nos que participamos un grupo dunhas 50 persoas e os proxectos que realizamos co centro», explicó Sabarís que quiere especializarse en la diversidad funcional.

Estas tres chicas también viajaron a Grecia, Lituania e Italia donde desarrollaron proyectos de temáticas que representan los principales retos a los que se enfrenta su sector. Por ejemplo, en Cerdeña abordaron el empoderamiento de gente con algún tipo de discapacidad, mientras que en un pueblo cercano a Atenas se implicaron en el feminismo.

«En Kaunas [Lituania] se interpretaban casos reales de forma teatral», comentó Costoya de actividades dirigidas a formarse sobre el acoso escolar a través de las redes o las, tan de actualidad, noticias falsas. Haber estado ayudando a pequeños por las escuelas ha hecho que esta joven tenga claro que esa será su especialidad, por lo que se matriculará en los ciclos superiores de Educación Infantil y, luego, el de Integración Social.

«Acabamos siendo cinturón amarillo», reconoció riendo Herbón para ponerse seria y señalar que «la asociación de Oxford es totalmente innovadora. Todavía no sé dónde se encuentra mi futuro, pero cada vez lo veo más lejos de España». Y es que tanto Sabarís como Herbón regresarán al centro inglés donde continuarán formándose.

El país de la bota

«El día que aquella señora volvió con su marido fue duro porque no me lo esperaba para nada», son palabras de Jessica Estévez, quien pasó su estancia italiana en un centro en el que se alojaban desde víctimas de la violencia machista a mujeres migrantes rescatadas de la trata de blancas, muchas de ellas con discapacidad intelectual y conviviendo con sus hijos. Tras su regreso, a la ribeirense le gustaría implicarse en centros de menores.

Estévez comparte la visión de sus otras compañeras que estuvieron en la región de Reggio di Calabria sobre las diferencias del sistema sociosanitario italiano con el español, una visión paternalista y asistencial que sobreprotege a los usuarios del servicio: «Tiré para casa, intenté aplicar lo que aprendí en Rianxo».

De igual forma piensan Rocío Suárez (Negreira) y Ana Belén González (Rois), quienes estuvieron en una residencia de mayores en la misma zona. «Gustábame sentarme ao lado dun usuario e que me contase as súas historias, acabei formando unha familia», recordó Suárez de una despedida que la hizo comprender por qué se metió en este mundo.

González maduró de golpe. En Italia perdió a su primera paciente para descubrir que no sería la última en aquel lapso. «Saín de Galicia pensando que non traballaría nunha residencia, pero agora non me importa. Iso si, a nós ensináronnos a promover a autonomía e non a poñer a ninguén nunha cadeira de rodas o primeiro día», sentenció, con la intuición de que también aprendieron mucho de ellas.

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