Los Magos de Oriente se multiplican

Cientos de personas siguieron en cada una de las localidades de la comarca el desfile de Sus Majestades


Ribeira / La Voz

Como en el milagro de los panes y los peces, también los Reyes Magos de Oriente se multiplicaron en la tarde de ayer para llegar a cada rincón de la comarca con su cabalgata cargada de caramelos y de ilusiones para los más pequeños. Y con ellos, se multiplicó también la presencia de gente en las calles, que vivieron un abarrote absoluto pese a las gélidas temperaturas de la jornada.

Los primeros en encontrarse con Sus Majestades fueron los niños de Lousame, ya que Melchor, Gaspar y Baltasar realizaron su recorrido por el municipio por la mañana, y por la tarde reunieron a más de 400 personas en el pabellón municipal. Los Reyes también se adelantaron en Mazaricos, donde se encontraron con los más pequeños a primera hora de la tarde, y luego se fueron sucediendo las cabalgatas en las demás localidades de Barbanza.

La de Ribeira arrancó puntual, a las 18.00 horas, encabezada por el tren real y al son que marcaban los tambores de las agrupaciones que acompañaban a cada una de las numerosas carrozas. En los carruajes del desfile se colaron personajes de lo más variopinto, desde un buda a un elefante pasando por un barco vikingo, pero a quienes los pequeños esperaban con más expectación era a Sus Majestades. A medida que los tronos de los Magos de Oriente se iban acercando, las caras de los niños reflejaban toda su emoción. «¡Que vienen los Reyes! ¡Ya llegan los Reyes!», gritaban. «¡Mira! ¡Ese es Gaspar!».

Todas las edades

Cientos de personas se agolpaban en las calles por las que estaba previsto el paso de la comitiva real, y mientras las carrozas aún desfilaban por la rúa Galicia, en el entorno de la plaza del Concello muchos tomaban ya posiciones detrás de las vallas para la recepción que estaba prevista al finalizar la cabalgata.

Entre el público, no solo había niños impacientes deseando ver a Melchor, Gaspar y Baltasar acompañados por sus padres, tíos o abuelos, que revivían la ilusión de la infancia a través de los más pequeños, sino también adultos de todas las edades que seguían con una sonrisa el desfile de luz y colorido y la lluvia de caramelos que caía sobre ellos provocando las carreras de los chiquillos para recoger el mayor número de dulces posible.

La misma estampa se repitió en Rianxo, donde se celebró un vistoso desfile que comenzó en el puerto, al que los Reyes Magos arribaron en barco, y concluyó a las puertas de la casa consistorial. Allí les esperaban sus tronos para la recepción oficial y un belén viviente. Las calles abarrotadas de gente se vieron también en Muros y en la villa pobrense, donde muchos desafiaban el frío ocupando las terrazas de los establecimientos hosteleros. Al abrigo del polideportivo tuvieron lugar las recepciones en Outes y en Porto do Son.

Y mientras esto sucedía, los atareados pajes de Sus Majestades apuraban los últimos encargos de regalos para que los Reyes los repartiesen durante la noche más mágica del año.

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