Repensar


Imaginen que salen a la calle y encuentran una interminable sucesión de bajos cerrados, con sus grandes cristaleras tapadas, sin nada que mostrar; que únicamente tienen ante sus ojos un vacío infinito y que no hay ni un solo comerciante al que darle los buenos días, con el que comentar los últimos acontecimientos o, simplemente, hacer unos cuantos chascarrillos.

A principios del pasado mes, tiendas de la comarca escenificaron su defunción cubriendo sus escaparates para poner de manifiesto el triste paisaje urbano de una población sin comercio. La estampa resultaba sobrecogedora, incluso pese a saber que se trataba de una ficción. ¿Y si ese futurible fuese más próximo de lo que queremos creer?

Basta con caminar por algunas calles de localidades barbanzanas para observar que la cantidad de locales en alquiler va en aumento y hablar con los vendedores para conocer su lucha diaria por la conquista de clientela.

Es preciso repensar el futuro que queremos para los lugares en los que vivimos, en las repercusiones de estos nuevos hábitos de consumo a los que nos hemos lanzado, subiéndonos a un carrusel de realidades virtuales.

Todos coinciden en las negativas consecuencias de pueblos privados del dinamismo de sus comercios y la batalla por impedirlo implica al conjunto de la sociedad. También a los comerciantes, que deben repensar en las nuevas exigencias de esos clientes a los que quieren volver a conquistar. Los tiempos han cambiado, ya no valen las fórmulas del pasado. La proximidad es un valor que debe explotarse aprovechando las herramientas del futuro.

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