De baby boomers a instagramers


A menudo, los medios de comunicación alertan sobre la pérdida de población. No sabemos si es asimilable o un problema, sí que implica parámetros para los que tenemos que prepararnos y, en algún caso, buscar soluciones.

Venimos de generaciones que levantaron el país tras una guerra y lucharon por la supervivencia, una sociedad cohesionada y solidaria que tuvo la familia como valor más importante, aparte de otros: esfuerzo, responsabilidad, prudencia, tradición y humildad. Generaciones azotadas por carencias materiales que dieron a sus hijos lujos que ellos no pudieron tener. La agresiva publicidad y los medios de comunicación abrieron puertas que permanecían cerradas y se fue creando una sociedad cuyos valores se transformaron en materiales, dentro de los parámetros de lo lúdico como estilo de vida, creando seres individualistas, cambiando valores inmateriales y sólidos por valores materiales y efímeros.

Otros factores han influido en el modelo actual: el acceso masivo de la mujer al trabajo fuera de casa, la transformación de los sectores productivos, la producción y comercialización de la vivienda, situándola en un bien inalcanzable, la falta de un proyecto viable para el rural y el obstinado anhelo por la formación en sectores con excedentes y por el prestigio individual, que rompieron la estructura laboral preexistente, creando el concepto de desempleo.

Perdemos población y esta es una simple cuestión matemática: la fecundidad de reemplazo -2,1 hijos por mujer- es necesaria para mantenerla, pero hemos bajado a 1,3.

Perder población implicará que necesitaremos menos viviendas y más pequeñas, para familias más pequeñas y precios razonables. También los equipamientos serán más pequeños y más concentrados, para ser eficientes, chocando con el estado del bienestar: sobrará personal médico y docente en gran parte de las poblaciones. Serán excedentes los auditorios, las piscinas, los centros deportivos actuales, pero también la recogida de basura o el transporte escolar.

La opción de mantener la estructura actual pasa por el coste de dichos servicios, que será mayor, por tanto, obligará a pagar más impuestos. Lo mismo sucederá con el comercio tradicional, si sobrevive al comercio electrónico: con menos personas, el negocio disminuye y puede llegar a ser insostenible, fomentando la concentración.

Y las nuevas generaciones viven en lo instantáneo, en fotos a través de Instagram.

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