Árboles

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

20 dic 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El poeta latino Ovidio cuenta en Las metamorfosis, con belleza y sencillez (tantas veces palabras sinónimas), todo lo que le sucede a la humanidad desde su origen hasta la deificación de Julio César. Sondea las simas de la mitología y la historia para traer un resumen mágico de un pasado crudo. En el libro VIII narra la gesta de Filemón y Baucis, una pareja de ancianos que vivían en la ladera de una montaña. Existían juntos en una situación de pobreza honorable: lo poco que tenían, lo compartían. Una tarde llegaron dos viajeros en harapos -que realmente eran Júpiter, el que empuña el rayo, y Mercurio-. Filemón y Baucis fueron los únicos del pueblo que ofrecieron alojamiento y comida a los olímpicos mendigos.

Sintiéndose Júpiter honrado por la compasión de tan humilde pareja reveló su identidad y les pidió que lo acompañasen a lo alto del monte. Allí contemplaron como el iracundo dios anegó de agua la aldea, castigando a quienes no le dieron cobijo. También vieron como la modesta casa donde ellos sobrevivían se transformaba en un glorioso templo. Júpiter, en su grandeza, decidió ofrecer a los ancianos todo lo que deseasen. Tan solo pidieron seguir viviendo allí y que nunca el uno tuviera que enterrar al otro. El padre de dioses les concedió el deseo: los convirtió en árboles, una encina y un tilo que custodian juntos las puertas del templo. «Cuando ya la copa del árbol se alzaba sobre sus dos rostros, se decían, mientras podían, frases uno al otro; ‘adiós esposo; adiós esposa’, dijeron al mismo tiempo, y al tiempo mismo una rama cubrió su boca haciéndola desaparecer».