La AG-11 redujo al mínimo las víctimas mortales en diez años de servicio

La autovía ha contribuido al desarrollo económico de la comarca en la última década


Ribeira / la voz

A lo bueno todo el mundo se acostumbra rápido y parece que la autovía de Barbanza siempre ha estado ahí para vertebrar la comarca y garantizar unas comunicaciones fluidas y, sobre todo, seguras. Sin embargo, no hace tanto que el trazado que recorría Arousa norte hasta Padrón, la mal llamada vía rápida, era un punto negrísimo de accidentes mortales. En los diez años que lleva en servicio, el nuevo vial ha conseguido con creces el objetivo de reducir la siniestralidad y tres de cada cuatro accidentes que registra la AG-11 se saldan sin heridos.

Desde el 2008, en la infraestructura se han producido siete víctimas mortales. Cuando se habla de vidas perdidas sobre el asfalto incluso siete son demasiadas, pero esa cifra se sitúa a años luz del medio centenar de fallecidos en la calzada de la antigua vía rápida en su primera década en servicio. El 2005 fue especialmente trágico, con diez muertos en solo seis meses, lo que llevó a que se colocaran a orillas del vial llamativos carteles en los que se invitaba a los conductores a circular con precaución.

En apenas cinco años, 40 personas habían perdido la vida, un dato que exigía una actuación inmediata en un trazado que tenía en las curvas de Vilas, en Rianxo, su punto más siniestro y que impulsó definitivamente el desdoblamiento del vial para convertirlo en autovía. Desde entonces no solo se han reducido las víctimas mortales, sino también los heridos. Según los datos aportados por la consellería, de los 488 accidentes registrados entre el 2010 y esta misma semana, en 362 no hubo lesionados.

Una oportunidad

Hoy se cumplen diez años de un concurrido acto que tuvo como escenario, precisamente, las malditas curvas de Vilas. Era el estreno de una nueva infraestructura que ha contribuido a transformar Barbanza, y no solo en lo que a siniestralidad se refiere.

La AG-11 sirvió también para mejorar la vertebración de la comarca y acortar las distancias con Santiago y con el sur de Galicia. En este sentido, todos los mandatarios consideran que el nuevo trazado ha sido una oportunidad para el desarrollo de Arousa norte, a pesar de que estos diez años han coincidido con una crisis económica que ha limitado ese crecimiento. «Sen dúbida, a autovía danos unha oportunidade, tanto para as empresas como para os particulares e a circulación de mercadorías, porque nos comunica co resto do país de forma cómoda e segura», apuntaba el alcalde rianxeiro, Adolfo Muíños.

Su homólogo de Boiro, Juan José Dieste, coincide en esta valoración y añade un nuevo aspecto a tener en cuenta: «A autovía achega moitísimo a comarca a outros lugares e iso facilita o crecemento turístico e a promoción da comarca». Dieste está convencido de que, sin AG-11, el número de visitantes a Arousa norte no habría experimentado el aumento registrado en los últimos años: «A vía rápida non tiña capacidade para absorber o volume de tráfico que se rexistra hoxe. Agora hai moita máis fluidez, e tamén seguridade, a estrada antiga era un corredor da morte».

En lo que respecta al tráfico que soporta la arteria viaria barbanzana, los datos disponibles corresponden al año pasado y demuestran que, tras una época complicada en la que el volumen de vehículos cayó, la autovía sigue creciendo. Se superaron por primera vez los 13.000 coches y camiones diarios en el trazado, que tiene entre Taragoña y Boiro el tramo con mayor densidad, con 17.536 vehículos al día.

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