La carretera maldita de Mazaricos se cobró 15 vidas en 25 años

Imprudencias de conductores y despistes de peatones confieren inseguridad a un vial que no es peligroso


mazaricos / la voz

Ni tiene curvas peligrosas, ni el firme está en mal estado, ni siquiera puede decirse que esté mal señalizada o iluminada. Aún así, la AC-400 se ha ganado, en Mazaricos, el calificativo de carretera maldita. No es para menos, pues en los 18 kilómetros que van desde el núcleo de A Braña hasta el de Paxareiras, ya en el límite con Muros, han fallecido más de 15 personas en apenas un cuarto de siglo.

La última de ellas, atropellada el pasado sábado en el cruce de Santa Mariña, en As Maroñas, una parroquia que ha visto como en un tramo de apenas tres kilómetros han muerto media docena de personas atropelladas y otras tres en salidas de vía o choques de vehículos. De esto último también ha habido en otros núcleos al pie de esta vía como Liñares, Asenso o Paxareiras, donde hace ahora dos años un joven motorista perdió la vida tras chocar contra un caballo.

«Aquí é unha desgraza o que está pasando. Esta carretera ten o demo», apunta una vecina de Maroñas que vivió de cerca el accidente del sábado y que no acierta a encontrar una única razón que justifique todas las desgracias personales vividas en las inmediaciones de su vivienda. «Hai despistes, ás veces exceso de velocidade, outras mal tempo. Non sei que dicirche. Cando a estrada estaba mal había accidentes e agora que está moi ben segue morrendo xente», lamenta.

El tramo mazaricano de la AC-400 se reformó integralmente hace poco más de diez años y los trabajos de mantenimiento se han sucedido prácticamente todos en los ejercicios.

Velocidad elevada

Salvo contadas excepciones, -el cambio de rasante de Lamelas o el cruce de Paxareiras con la parroquia de Arcos son dos de ellas, tal y como denuncian repetidamente los vecinos- no resulta un vial que pueda considerarse peligroso. De hecho, es un trazado en el que predominan las rectas. Aspecto este que, precisamente, justifica para muchos su elevada siniestralidad. «Hai tramos moi largos nos que é fácil pasarse un pouco de velocidade. Hai travesías nas que os coches circulan demasiado rápido», apunta un vecino del núcleo de Lamelas.

Este factor tampoco pasa inadvertido para la Guardia Civil de Tráfico que, desde hace años, viene intensificado los controles de velocidad a lo largo de esta vía. Uno de ellos permitió, por ejemplo, detener a un conductor que, hace unos meses, circulaba a 190 kilómetros horas por un tramo limitado a 70.

Con todo, ni los radares, ni los carriles anchos con metro y medio de arcén, ni las aceras construidas en varios núcleos o las vías laterales destinadas al tránsito de la maquinaria agrícola han logrado reducir la siniestralidad de esta vía. Una carretera que, visto lo visto, lo que más necesita es el sentido común de conductores y peatones para acabar con su maldición.

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