Que venga una alcaldesa


Ribeira es así y así seguirá siendo: Un pueblo lleno de testosterona. Lleno de esa hormona tan viril que, aunque con nombre femenino, hace que los machos, sus costumbres y sus poderes, proliferen por doquier. Y muchos, seguro que estarán felices de que así sea. Y muchas, incluso pensarán que es ley de vida.

Si observamos las edades de la historia, vemos como, desde la Edad Antigua, la mujer fue considerada como una herramienta doméstica y de placer. Tampoco la llamada redención del cristianismo considera a la mujer como pilar básico de su credo. Como mucho ( y por «imperativo legal» que dirían algunos), han elevado a la mujer a la categoría de madre de una divinidad. Pero lo cierto es que ninguna de las mayores religiones tiene a una mujer como deidad; hasta el punto de que las jerarquías religiosas siempre han estado representadas por hombres. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.

Y llegó el sufragio femenino de 1931; y llegó la democracia y llegó Zapatero y su ley de igualdad… Y estamos en el año 2018 prontos a llegar al 19 y todavía no hemos visto mujer alguna que haya sido alcaldesa en la comarca de Barbanza en lo que va de historia. ¡Y ya llovió desde entonces!, si nos remontamos al desarrollo normativo municipal lo que podríamos llamar origen de los ayuntamientos -de la constitución de 1812-. Pero no es cosa de extrañarse, cuando en una comunidad como Galicia, tan solo uno de cada diez concellos tiene mujeres al mando.

Y es cuestión de preguntarse: ¿Es posible que las barbanzanas no hayan parido mujer alguna capaz de presidir un ayuntamiento? ¿No habrá en toda la orilla norte de la ría mujer capaz de gobernarnos con mayor eficacia que los testosteróneos machos que han pasado por las alcaldías de los cuatro concellos, con más pena que gloria, desde que estos existen?. ¿Será cuestión de abrir la mano e importar mujeres capaces y dispuestas a gobernar estos feudos tan llenos de machos? (A ver si así se anima alguna lideresa de las muchas que tiene que haber).

Tampoco se trata de echar mano del fondo de armario; pues es probable que las ideas de gestión que hayan podido tener ciertas féminas que por aquí andan ocupando bancada municipal, estén más que amortizadas; como se suele decir cuando un político deja de tener interés incluso para los suyos.

Por todo ello, propongo que nos lancemos a la búsqueda de la mujer que pueda encargarse de llevar a nuestro Concello por un camino diferente. Haberlas hailas; y sin duda saben transitar por los procelosos caminos de la política con más eficacia y menos testosterona.

¡Que venga una alcaldesa! Y, a poder ser, que empiece por Ribeira… Y ya puestos a pedir, a ver si encontramos una Carmena o una Colau, que falta nos hace.

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