Pueblos vacíos


El comercio local languidece. La hostelería también. Y con ellos la tristeza parece apoderarse de nuestras calles y plazas, hasta el punto que la imagen en una tarde de invierno puede ser desoladora. Hay muchos factores que justifican la actual situación, unos son comunes a los dos sectores y otros no. Para un primer acercamiento al problema habría que poner de relieve dos cuestiones. La primera es su propia incapacidad de ver y sentir el conjunto por parte de comerciantes y hosteleros. Eso les impide diagnosticar, diseñar y presionar; todo ello indispensable para solucionar.

La segunda, endémica por causa de la primera, es la poca atención de la clase política a la hora de tenerlos en cuenta; mucho más proclives a tender alfombras a grandes grupos. En el plano local, a pesar de lo que dicen todos, es palmario. Cuando se diseña la política urbanística, las infraestructuras, los servicios, los impuestos y todas las áreas de responsabilidad es muy raro que se tenga en cuenta el comercio o la hostelería.

Podríamos entrar en detalles locales, no con el ánimo de señalar un lugar, sino con el de señalar situaciones curiosas. En Boiro hay un problema de aparcamiento que se agrava según pasa el tiempo. También hay un aparcamiento cerrado. Que vale que puede estar peor hecho que el Gaiás, pero seguir diciendo lo mismo siete años después parece cuando menos una declaración de pasotismo de libro.

Y también una política de seguridad vial con controles masivos e indiscriminados, así como con la puntillosa aplicación de las normas que han logrado dar a conocer nuestro municipio y que invitan poco a visitarlo.

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