Tras la tempestad no solo llega la calma

Animales muertos, plásticos, restos de bateas, artes de pesca y otros elementos ocupan las playas


ribeira / LA voz

Es inherente a los habitantes de los pueblos costeros la costumbre de recorrer las playas tras los temporales, por satisfacer la curiosidad sobre lo que la tempestad, cuando llega la calma, ha arrastrado a los arenales. Puede que esa práctica tenga su origen en los antiguos raqueros que deambulaban por las orillas después de los naufragios buscando cargas u objetos de valor de barcos siniestrados, o simplemente carga que acababa a la deriva tras caer de la cubierta de buques que seguían su ruta.

Sea por costumbre o por curiosidad, recorrer las playas de la zona después de las borrascas de hace unos días, aprovechando el buen tiempo del infalible veranillo de San Martín, que puede retrasarse unos días, pero siempre se deja caer, significa encontrarse sobre la arena una amplia variedad de cosas, la mayor parte sin valor económico, pero sí natural e incluso para la reflexión. Y en el primer apartado se encuentran la diversidad de animales muertos, como delfines y todo tipo de aves, y las algas, que si no fuese por la intervención humana cumplirían su ciclo descomponiéndose entre áridos, pero hay que preservar la salubridad y la imagen de las playas.

Lo ejemplarizante es la gama de plásticos que no hace más que confirmar lo irrespetuoso que sigue siendo el hombre con el mar, y lo peor es que la mayor parte de los residuos sintéticos que pueden verse sobre la arena proceden de artes de pesca o de elementos que emplean profesionales que viven de lo que da ese mismo medio marino. A este ritmo, acabarán viendo su sustento repoblado con fauna plastificada.

Tubería negra

Flotadores de bateas, troncos, vigas, botellas y una extensa gama de objetos son los actuales pobladores de las playas, así como algún elemento de costumbre, como la tubería negra que suele quedar al descubierto en Cabío cuando se producen movimientos naturales de arena, como ha ocurrido estos días.

Claro que no estamos en fechas para exigir que las playas luzcan impecables, por lo que es justo dar margen a los concellos para que actúen una vez que el tiempo empiece a mejorar, no obstante, hay mucho trabajo sobre ellas, y tanto las Administraciones locales como las cofradías deben empezar a mover los hilos para restablecer el paisaje, como hacían ayer mismo en A Torre rianxeira.

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