Eriko Kurashita: La nipona que halló una mamá gallega

Habla seis idiomas, lleva 46 países en su mochila y su sueño es viajar a Afganistán


vilagarcía / la voz

Eriko Kurashita es una caja de sorpresas. Nos la presentan como una bloguera japonesa que está de viaje por Galicia para conocer la región. Hasta ahí nada se escapa a lo previsible. Pero es que Eriko es, además, modelo, estudia antropología cultural, ha visitado 46 países (solo tiene 34 años) y habla seis idiomas. Domina el inglés, italiano, ruso, portugués, se expresa a la perfección en español y ahora quiere aprender persa. Los idiomas le encantan por que, dice, es la mejor manera de conocer a los pueblos, y ella ya lleva unos cuantos en su mochila.

Imposible elegir con cuál quedarse, contesta, pero, desde luego, el gallego le está dejando huella. De solo diez días en Cervantes (Lugo) se lleva un álbum de imágenes, una amplia paleta de sabores y de colores y, sobre todo, unas relaciones humanas que nunca olvidará. Oliva Vilela, de la casa rural de Doiras, fue mucho más que una anfitriona; con esta mujer empatizó tanto que habla de ella como su «mamá gallega».

Las visitas de Eriko no son de cortesía ni atienden a ningún itinerario turístico. Trata de empaparse de la forma de vida de cada lugar, así que en Os Ancares atendió el bar, paseó por sus bosques y probó el caldo gallego y el touciño ao espeto. Fue un recorrido breve pero intenso, que le ha servido para concluir que Galicia is different. Viene de recorrer Andalucía, el País Vasco y Cataluña, y esta esquina del mapa, afirma, se distingue del resto de España. Una de las cosas que más le llamó la atención es su geografía humana. «Hay pueblos muy pequeños y muy dispersos; diez casas en un lado y otras diez en otro, por qué no se juntan como hacen en mi país», reflexionaba ayer. Sin embargo, el paisaje y el clima le recuerdan mucho a Japón. Con la gente se cumple el tópico: «No van directamente a las cosas y los gallegos son muy sensibles», indica.

Sus experiencias

En pocos días habrá ocasión de conocer su experiencia en Galicia a través de su web de viajes chilkyunokurashi.com y su canal de Youtube. Desde la montaña de Os Ancares, ayer bajó a la costa para conocer la otra Galicia, la de las rías, la del Camino de Santiago y la de la televisión, porque anoche estaba citada en Luar para recitar, nada más y nada menos, que el Adiós ríos, adiós fontes de Rosalía de Castro, en japonés.

Da la impresión de que Eriko puede con todo. Seis meses al año los dedica a viajar y los otros seis los pasa en su país, donde siempre que puede vuelve a la pasarela y a los focos, que le son familiares desde los 16 años.

El año pasado se adentró en los cafetales de Honduras y su próxima parada, en el 2019, será en Rusia, un país que ama y que quiere seguir conociendo. La pregunta que toca es de libro: ¿Cuál es su destino soñado? «Me gustaría ir a Afganistán y a Kirguistán, pero en la actualidad es muy peligroso». Ya estuvo en Irán, y la enamoró -de ahí su deseo de aprender persa-, aunque esta aventura le haya costado el veto del gobierno estadounidense, porque quien tiene un sello de Irán en su pasaporte ya no es bienvenido en aquel país. Tampoco es un problema, además, la administración de Trump no va a ser eterna. Entre tanto, siempre podrá visitar Islandia, otro de esos destinos que tiene pendientes.

¿Y para vivir, qué lugar elegiría?, indagamos. Eriko alza la vista. «No sé, vivir y visitar un país es muy distinto». Viajar es un placer, pero también un trabajo. Además de constituir la materia prima para alimentar sus plataformas en Internet, presta servicio a empresas y al gobierno japonés, que buscan abrir lazos comerciales con el extranjero.

Según cuenta nuestra protagonista, lejos de lo que podría presuponerse, los japoneses son cada vez más reacios a cruzar sus fronteras. El exterior se ve como una amenaza y tanto el mundo de la empresa y como las instituciones quieren superar esta barrera porque hay mucho dinero en juego.

«Con la globalización hay que salir. El gobierno ofrece ayudas para viajar gratis, para que la gente aprenda de otros países. España se conoce bastante, pero se confunde con Francia e Inglaterra», comenta. Con su mediación no solo se trata de derribar muros físicos. Eriko también aprende y enseña las costumbres de cada país y por eso sabe que, fuera de Japón, las distancias son más cortas. Si hay que saludar con la mano o con un par de besos, al estilo europeo, saluda. «Soy una japonesa atípica». Y tanto.

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