Las otras víctimas olvidadas de 1936

Un libro homenajea a los 42 concejales y alcaldes barbanzanos que fueron asesinados y encarcelados durante la Guerra Civil


ribeira / la voz

Rapada, humillada y obligada a desfilar por las calles de Boiro con las siglas UHP (Uníos Hermanos Proletarios) pintadas en la frente. Esos fueron algunos de los castigos que sufrió Brígida Muñiz, a la que también le embargaron las vacas y tuvo que estar detenida un mes en el Concello. El motivo: formar parte de la corporación boirense durante la Segunda República. Ella fue una de los 42 concejales y alcaldes barbanzanos que fueron víctimas de las represión al estallar la Guerra Civil, y que ahora forman parte del libro Xeración perdida, que ha realizado el grupo de investigación de Historia política y de los nacionalismos de la USC con el apoyo de la Diputación.

«Foi a única muller concelleira na Segunda República, e polo tanto é a primeira concelleira na historia da provincia. Representaba o cambio que se estaba a producir neses anos. Por iso, vai padecer represión, sobre todo de carácter psicolóxico e de estigmatización social», apunta Manuel Pérez Lorenzo, uno de los autores del libro.

Reconoce que, a pesar del castigo que recibió Brígida, por lo menos conservó la vida, una opción que no tuvieron sus compañeros de corporación. Rodrigo Álvarez, José Caballero, Juan Francisco Outeiral y Manuel Brión murieron asesinados, los dos últimos fusilados. Gracias a este trabajo también se ha podido averiguar que los ediles boirenses José Benito Segade y Antonio Lago lograron huir, aunque finalmente los capturaron y el segundo fue condenado a cadena perpetua, mientras que a José Martínez lo juzgaron por rebelión.

Xeración perdida también recupera la historia de diez vecinos que formaban la corporación noiesa y sufrieron las consecuencias de la represión. La mayoría de ellos se exiliaron -Severino Iglesias, Germán Vidal y Miguel Vázquez-, aunque también hubo muchos que lograron escapar. Francisco Martínez estuvo agachado en Mazaricos durante dos años, a Manuel Mariño le embargaron las cuentas y le requisaron las joyas, muebles y objetos de valor, así que decidió huir a Portosín, donde estuvo escondido.

Huida por un tragaluz

También Isidoro García logró esquivar a los falangistas que fueron a buscarle a casa escapando por un tragaluz, aunque finalmente se entregó en un cuartel de la Guardia Civil. Sus compañeros Francisco Fernández y José Mato, José Pedreira acabaron entre rejas, mientras que José Vieites fue desterrado a Ponferrada.

El suicidio fue la opción elegida por el concejal rianxeiro Manuel Rodríguez Castelao al ser acosado cuando trataba de huir a bordo del Bou Eva junto a un grupo de compañeros. Además, el alcalde de aquella corporación, Cándido González, fue encarcelado, al igual que el edil José Ramón Collado, que previamente fue torturado. Ricardo Teijeiro y Mariano Otero Castelao acabarían exiliados, al igual que el regidor pobrense Antonio Pérez. Sus compañeros de A Pobra, Manuel Ouviña y Manuel Hermo Vidal, serían encarcelados y este último condenado a pena de muerte.

También acabarían entre rejas el alcalde sonense Jesús Mariño y los ediles Andrés Abeijón -cadena perpetua-, y José Ramón Sieira, que además fue multado con 105 pesetas y obligado a caminar en procesión con un cartel que ponía «Muera Rusia, arriba España». Menor fue la pena de José Tomé, que solo pagó una sanción de 15 pesetas, mientras que los ribeirenses Manuel Gude y Manuel Prego abonaron 250 y 150 pesetas, respectivamente, y el alcalde de Ribeira José Fernández fue procesado por rebelión, aunque su causa fue sobreseída.

En el libro también se habla del asesinato del mazaricano Nicanor Vilas, de que los ediles lousamianos José Filgueira y Ricardo Barreiro lograron huir, mientras que los muradanos Juan Malvárez, Manuel Mayo, José Veloso, Manuel Tobío y José Luis Filgueiras fueron procesados.

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