Tenemos derecho a un transporte eficiente


Tuve claro qué era la España de las dos velocidades un día por la mañana en Toledo, hace ya muchos años, cuando escuché la conversación de dos chicas que dudaban entre coger el tren a Sevilla para llegar a la hora de la merienda o esperar a la cena. A mi se me plantea una disyuntiva parecida cuando voy de Ribeira hasta A Coruña en autobús, claro que ellas hablaban de recorrer una distancia próxima a los 500 kilómetros y yo de una que no llega a los 150.

Recientemente estuve en Barcelona y compré un bono combinado de 10 viajes, de estos que te permiten utilizar autobús, metro, cercanías y hasta un funicular, que me costó exactamente 10,20 euros. Es decir, que cada billete vale 1,02. Prefiero no saber de dónde salen los fondos que permiten subvencionar el transporte público hasta ese extremo. Lo usé sin miramientos, incluso para desplazarme a sitios a los que podría haber ido andando.

Lo hice porque sale más barato que un café y para reafirmarme en la convicción de que, puestos a hablar de derechos, yo también tengo derecho a un transporte público eficiente. No me refiero solo a ese AVE que algunos diputados catalanes consideran un despilfarro y cuyos plazos no dejan de alargarse, sino también a uno de proximidad.

El acuerdo alcanzado entre el Concello de Ribeira y dos empresas del municipio posibilita que los vecinos puedan viajar por el término municipal al precio de un euro, pero no todos los ayuntamientos tienen capacidad económica para implantar una bonificación de este tipo.

Desplazarse de Boiro hasta Noia en autobús continúa siendo una aventura, igualito que en el siglo pasado. La frecuencia de los autocares es tan escasa que me he encontrado con personas que afirman que lo más operativo es ir desde Ribeira.

Por no hablar de la prácticamente inviable alternativa de viajar en transporte público hasta la pomposa estación del AVE Padrón-Barbanza, situada en un lugar de paso a ninguna parte. En la comarca y en Galicia continuamos esperando por algo que otros tienen desde hace años.

La Xunta está elaborando el plan de transporte público de Galicia, pero lo que faltan, en muchos casos, son las infraestructuras. Lo que resulta difícil de comprender es la dosificación, por ejemplo, con la que se pone en marcha el transporte metropolitano. En la comarca de Bergantiños -de la que forman parte Laracha y Carballo- lleva tres años implantado y las cifras indican que el número de usuarios no deja de crecer. Uno se pregunta el motivo por el que, llegando el transporte metropolitano de Santiago a Padrón, no puede extenderse ya a Rianxo, si las carreteras ya están hechas, no como las vías del AVE, que nunca llegan.

Autor Ana Gerpe CIUDADANA

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