«Os furtivos agrídennos porque saben que no lles vai pasar nada»

Edgar Verde y Juan Míguez, vigilantes del pósito de Cabo, afirman sentirse impotentes


ribeira / la voz

Esta semana ha sido especialmente conflictiva para los guardas rurales de la cofradía de Cabo de Cruz Edgar Verde y Juan Míguez, al primero lo rociaron con un extintor cuando intentaba recuperar marisco extraído irregularmente en Praia Xardín; y, unos días después, en otro operativo, tuvo un enfrentamiento con varios mariscadores ilegales, alguno de los cuales, explica, hasta le vació encima el agua de sus botas. Por su parte, Juan Míguez sufrió un corte en una mano al ser golpeado con un rastro, a lo que sumó en jornadas posteriores diversos altercados. Ambos reconocen que «enfrontarse aos furtivos é xogarse a vida, pero non podes mostrarlles medo».

Manifiestan que el acoso al que someten a quienes faenan sin autorización ha permitido reducir su presencia en los arenales de Boiro, aunque precisan que «o nivel de agresividade vai en aumento porque todos os días facemos decomisos. Dinnos que, por riba de todo, van sacar o marisco das praias».

Los vigilantes afirman sentirse indefensos: «Os furtivos agrídennos porque saben que non lles vai pasar nada. Póñenlles multas que non pagan porque son insolventes». Su compañero Juan Míguez añade: «Eles mesmos dinche que non lles van facer nada, e crécense».

Protección jurídica

Los profesionales demandan mayor protección jurídica: «Vémonos impotentes pola falta de medios. Carecemos dunha dotación axeitada. Moitas veces traballamos un só e tes que valorar cando podes actuar e cando non», apunta Verde, que anteriormente ha trabajado como guarda rural en A Pobra y en Ferrol: «A situación en Cabo é máis complicada. A zona é moi ampla».

El elevado número de actas que Policía Autonómica, Guardia Civil y Gardacostas levantan en Arousa norte es un ejemplo del problema, pero también el listado de denuncias puestas por estos vigilantes, que llevan menos de año y medio trabajando en Boiro. Solo esta semana han sido tres.

Míguez acumula más de media docena por amenazas y agresiones: «Unha vez tiráronme unha pedra dun quilo e, outra, unha botella rota». Ha tenido dos juicios, en uno de los cuales se decretó orden de alejamiento para el furtivo: «Despois da sentenza sacámolo das praias varias veces».

Por su parte, Edgar Verdes ejemplifica los riesgos que corren recordando cuando, el pasado abril, lo amenazaron a él y a otro compañero con un puñal en Triñáns cuando iban a decomisar marisco a un furtivo: «Fixo un amago de cravarmo, polo que tiven que retroceder».

Subrayan la colaboración de fuerzas del orden y Guardapescas, pero dicen que no pueden estar permanentemente, así como de mariscadores del pósito, algunos de los cuales no han dudado en enfrentarse a los furtivos.

1.611 actas

 Policía Autonómica

Desde enero, los agentes cursaron 1.611 actas en Arousa norte. En el 2017 levantaron 2.121.

19 denuncias

 Guardia Civil

La cifra corresponde a actuaciones realizadas en Boiro entre el 15 de agosto y el pasado día 18.

509 infracciones

 Gardacostas

Las actas son de enero a julio y comprenden la zona entre Corrubedo y Arousa norte.

El jefe provincial del Servicio Marítimo de la Guardia Civil dice que la situación boirense es compleja

El jefe del Servicio Marítimo de la Guardia Civil en la provincia de A Coruña, el capitán Héctor de la Roz, explica que, desde el mes de agosto, en el término boirense los agentes desarrollan actuaciones continuadas, reforzando el trabajo de apoyo que ya venían haciendo. Explica que la situación boirense es compleja y señala: «A requerimiento de los vigilantes, al ver que había un aumento del número de casos y de que no eran capaces de controlar la situación, establecimos unos cauces de comunicación ágiles. Acudimos a demanda de los guardas rurales».

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Impunidad

El marisqueo ilegal no solo mueve una gran cantidad de dinero, sino que implica un perjuicio para quienes tienen su medio de vida en la explotación de los recursos de los arenales. El cambio de la legislación parece haber servido para poco, porque los datos indican que hay un elevado nivel de reincidencia y los implicados siguen impunes. A esto se suma el riesgo para vigilantes y mariscadores. Está claro que hay que tomar medidas.

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