Calumnia de opinión

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

18 oct 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

No es que la vida me haya dado demasiado. No debería estar triste por perderla y, sin embargo, lo estoy. Gasté mis últimos euros en una cochina botella de whisky, me sirvo una copa -la última- y espero escuchando mi canción favorita Take me home, hasta que oigo el patizambo caminar de mi asesino. Un largo sorbo me hace entrecerrar los ojos en el momento preciso en el que la puerta se abre. Suena «…to the place I belong» y entra en mi cuarto, altivo, el cabrón que viene a matarme.

«¿Está bueno el whisky?», me pregunta el tirano. «Sí», respondo. Con fulgor de loco en la mirada, me interpela: «¿Sabes quién soy, verdad?». Maldita sea si lo sé. Él es el Autor. El mayor capullo que hayan visto los tiempos. Sin darme tiempo a responderle me hace otra pregunta: «¿Sabes por qué estoy aquí?». A lo que contesto: «Sí, has venido a matarme, Escritor».

«¡Así es, soy Emilio Sanmamed, te he dado 1.600 caracteres; esta columna, para volar, para hacer lo que te dé la gana y ahora voy a acuchillarte hasta que la tinta de tus arterias me decolore el tórax!». Grita enfurecido mientras yo me acobardo, al fin y al cabo solo soy un personaje frente a su creador. Mis últimas palabras: «¿Por qué haces esto, Emilio? ¿Por qué no usas este espacio para opinar y dejas de ser un seudoopinador? ¿Qué vas a sacar de mi muerte?». El cruel bastardo antes de asesinarme responde: «Con el dinero de este artículo me compraré una botella de whisky y me iré a mi cuarto a escuchar Take me home de John Denver. Opinar es una vulgaridad y yo hago lo que me da la gana. Ahora muere».