Javier Expósito: El letrado al que hechizó el arte del grabado

Dedicado laboralmente al derecho marítimo, se hizo con una colección de obras reconocida a nivel mundial


El 24 de julio del 2001 abría sus puertas el Museo do Gravado de Artes. Muchos en aquel entonces mostraban su escepticismo sobre el futuro de unas instalaciones situadas en el rural y pocos conocían los tesoros que allí se escondían. Pero el tiempo dio la razón a Javier Expósito, un abogado hechizado por el movimiento del tórculo que ha dedicado buena parte de su vida a engrandecer una colección de la que forman parte creadores de la talla de Dalí, Picasso y Goya. Él, que por motivos profesionales tuvo que cambiar su Noia natal por Madrid, quería acercar el arte con mayúsculas a sus vecinos barbanzanos, y aunque la sala tardó lo suyo en despegar, hoy es reconocida a nivel internacional y sus fondos son reclamados desde diferentes países.

Fue de niño cuando Javier Expósito tuvo su primer contacto con el mundo del arte. Su abuelo era profesor de dibujo en una antigua escuela de Noia, pero él se decantó por otra rama artística: «Me incliné por el grabado porque era más amable, podías tocar las planchas». Pero su formación y su trayectoria profesional se dirigieron hacia otros derroteros bien diferentes, el derecho marítimo: «Soy de un pueblo marinero y siempre tuve pasión por el mar». Alquileres de barcos, naufragios, conflictos con las cargas y operaciones de salvamento constituyeron su campo de trabajo, primero como empleado en un despacho madrileño y, a partir de 1978, en un bufete propio, también en la capital.

Acopio de estampas

Fue a raíz de esa independencia cuando el letrado noiés empezó a cultivar aquella vieja pasión por el arte a la que nunca había renunciado. Aprovechaba los viajes que, por motivos laborales, realizaba a Nueva York, París, Londres, Bruselas... para rastrear galerías y anticuarios en busca de tesoros, prestando siempre atención a las subastas que se iban convocando. Reconoce que supo aprovechar el momento: «Hoy en día es mucho más complicado conseguir obras de grandes artistas. Un Goya, por ejemplo, es prácticamente imposible».

Con una importante colección en sus manos, Javier Expósito empezó a darle vueltas a la idea de mostrarla al público. Fue en la recta final de los años 90, coincidiendo con sus visitas al Museo del Prado y a la Academia de Bellas Artes. Especialistas de ambas salas lo animaron en cuanto les mostró las joyas que había reunido. Y surgió entonces la necesidad de elegir una ubicación para ese museo, duda que el noiés pronto despejó: «Estar lejos de casa me llevó a decantarme por Galicia y por el medio rural. Quería que la gente de mi tierra tuviera la posibilidad de acceder a esas obras que suelen ser exclusividad de las grandes ciudades».

Garantizar el futuro

Había analizado las desventajas de su elección, la principal, la falta de apoyos económicos; pero actuó con el corazón y no se arrepiente: «Estoy muy satisfecho y convencido de que acerté, porque no solo las grandes urbes se merecen tener salas como esta, única a nivel nacional e incluso europeo». Tan seguro está que quiere garantizar que su colección se quede en Artes incluso después de su muerte, de ahí que haya decidido ceder la gestión de las instalaciones al Concello de Ribeira de forma temporal: «Estoy a punto de cumplir 71 años y no quiero que mis hijos jueguen con fuego». Eso sí, asegura que seguirá incrementando los fondos de la sala.

Ampliar el museo para poder mostrar y guardar más estampas es a día de hoy su gran sueño, pero tiene otros muchos: «Mi cabeza siempre está llena de ideas. Adquirir piezas para completar colecciones, ver en marcha esa biblioteca de libros juveniles, seguir adelante con el taller de grabado...». Y también decidirse algún día a poner sus manos sobre un tórculo, completando esa pasión que siente por el mundo del grabado: «Sí que puede resultar raro sentir una afición tan grande por algo y no haberlo practicado nunca. Estoy convencido de que algún día me pondré a ello, quizás con la ayuda de Manuel Ayaso o de Alfonso o Nacho Costa».

Javier Expósito extiende su pasión por el grabado a la cultura en general y engloba en ella el respeto por el medio ambiente y la defensa del patrimonio: «Yo aposté por situar este importante museo en Artes porque quiero que se cuide el rural gallego».

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