Los centros educativos declaran la guerra al móvil en sus instalaciones

Las direcciones tratan de blindarse ante casos de acoso y de invasión de intimidad


ribeira / la voz

El reciente anuncio de que el ejecutivo galo decidía prohibir el uso del teléfono móvil en escuelas y algunos cursos de secundaria ha encendido un debate en el país que ya llevaba cociéndose unos cuantos años. En la comarca, la tenencia y uso de los teléfonos inteligentes tampoco había sido pasada por alta y los centros se dividían entre los que daban un voto de confianza a la posible función pedagógica y los que cortaban por lo sano restringiéndolo completamente. En el inicio del actual curso académico 2018/2019 la balanza ha terminado por inclinarse mucho hacia el segundo bando y la gran parte de los centros educativos le ha declarado la guerra al smartphone.

Pero, ¿qué ha cambiado exactamente? Todas los equipos directivos lo tienen muy claro. Entre las razones para establecer medidas adicionales de control se encuentran la posibilidad de que se produzcan violaciones de la intimidad de otros alumnos y de docentes mediante la toma de imágenes, así como casos de acoso escolar que han encontrado su altavoz en las redes sociales y de mensajería instantánea. Asimismo, el gran potencial de estos dispositivos para copiar en exámenes cierra la lista de los mayores temores de los profesores.

En este sentido, la clave está en la legislación actual -Lei de Convivencia e Participación da Comunidade Educativa en materia de Convivencia Escolar, regulada por el Decreto 8/2015 en lo referente al móvil-, que permite a los centros autorizar que los alumnos lleven el teléfono o no, así como las sanciones por su uso. Por eso no es extraño que se escuchen voces como la del director del IES Porto do Son, David Pérez: «Debe existir unha normativa que afecte a todos e que se prohiba o uso do móbil, excepto con fins educativos».

Primeros cambios

En el instituto noiés Virxe do Mar han comenzado el curso con varios cambios y anotan desde la dirección que «este año no se permite ni en los pasillos. Hemos añadido esta prohibición para evitar que se saquen fotos, se trata de proteger la intimidad y también de evitar que los alumnos estén distraídos».

En el boirense Praia Barraña incluso han reformado las normas de organización y funcionamiento del centro. «A idea inicial era que non se puidera nin traelo, ou polo menos non usalo no recreo, pero é como poñerlle portas ao campo», explicaron fuentes de la dirección, de una decisión debatida desde el año pasado y que fue votada en el claustro. «Detectamos un uso non pedagóxico excesivo e decidimos restrinxilo totalmente no interior das aulas e nos cambios de clase, independentemente de ESO ou bacharelato; se é menor confíscaselle e imponse unha sanción», comentaron para precisar que deben ir los tutores a recuperarlo, una medida con la que pretenden reducir cualquier posible reincidencia.

Otra de las medidas estrella es la que implantó el ribeirense Galaxia en el pasado, por el cual los alumnos dejan el móvil apagado en una cesta al inicio de la clase y después se les entrega al término de esta. No obstante, tampoco pueden utilizarlo en los pasillos. Por otra parte, las comunidades educativas coinciden en que debería formarse a los chicos para usar los móviles correctamente.

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