El once veces campeón de España que busca su hueco como maestro

Dueño de una capacidad de cálculo espectacular, venció a fenómenos mundiales siendo solo un crío


Todavía no levantaba un palmo del suelo, pero David Lariño (Esteiro, 1989) ya era un auténtico genio. Su valentía delante del tablero, y una capacidad inaudita para leer posibles jugadas a una velocidad de vértigo, le otorgaron en el año 2013 el grado de gran maestro. La prestigiosa denominación escondía tras de sí once campeonatos de España que el esteirano había alzado a lo largo de su frenética carrera.

Ahora, cerca de cumplir los 30 años, busca un hueco como profesor de ajedrez. Ejerce en la escuela municipal de Muxía, trabajo que despierta en él la pasión por este complicado y a la vez estimulante deporte. «O obxectivo é enganchar aos rapaces, que aprendan. Estamos crecendo e algúns xa van a torneos», apunta un Lariño que compagina la docencia con la competición. Su nombre, relacionado con lo más alto del podio, es una máxima que se repite cada año.

El último título lo logró en el Vila de Noia, donde se mostró intratable ante todos sus rivales. «Andaba polos oito anos, estaban dous tíos meus xogando, e quixen aprender. A partir de aí comecei cos torneos. O primeiro ano xa fun ao campionato de España», destaca Lariño, que en su palmarés cuenta con los oros absolutos estatales en las modalidades de partidas lentas y rápidas.

Los enigmas

Es su entrenador durante diez años, Roi Reinaldo, quien explica la evolución del prolífico ajedrecista: «Siempre fue un jugador muy táctico y agresivo. Siendo un crío llegó a ganarle a competidores de élite mundial». Para comprender las virtudes de Lariño hay que ahondar en las incógnitas del ajedrez.

A grandes rasgos existen dos tipos de deportistas, los tácticos y los estrategas. Los primeros, concretan en minutos el mejor paso a seguir, ya que logran analizar un sinfín de movimientos en centésimas. Los segundos optan por buscar posiciones en el tablero para intentar ganar la batalla en medio-largo plazo. Lariño, por su habilidad para el cálculo, siempre fue de la primera rama.

A pesar de que España es uno de los países del mundo con un mayor número de torneos al año, ganarse la vida en este deporte suele ser una quimera. «Hay dos opciones, ser un fenómeno mundial o dar clases», afirma Reinaldo, que destaca que la primera vertiente exige una dedicación absoluta, además de viajes continuos por todo el mundo. Muchos, no aguantan la presión. «En España hay solo cuatro o cinco personas que lo han conseguido», confiesa el viejo técnico del muradano.

En pleno auge, y recientemente implantado en los colegios de todos el país, el ajedrez vive un crecimiento exponencial. Es por ello que Lariño dio el paso para gestionar la escuela de Muxía. «Lo está haciendo muy bien. A pesar de que como docente tiene menos experiencia, consigue gestionar muy bien a los niños para que aprendan poco a poco. Es un trabajo que da resultados a medio plazo», destaca Reinaldo.

Dureza

Considerado a simple vista como un juego y no un deporte, los ajedrecistas de primer nivel suelen perder siete kilos en un solo torneo: «Duran varios días y hay una tensión muy grande que no puedes descargar de ninguna forma. Algunos ven afectado el sistema nervioso».

Sin necesidad de llegar a estos extremos, Lariño afrontará a finales de mes otro torneo en Cantabria. Irá a por la victoria, mientras mantiene un ojo en sus chavales. El once veces campeón de España ahora quiere encontrar su hueco como maestro.

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El once veces campeón de España que busca su hueco como maestro