Triste final para dos inesperados visitantes

La aparición de una cría de delfín con su madre en el puerto de Escarabote causó una enorme expectación; nadie sospechaba que era testigo de sus últimas horas de vida

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Ribeira / La Voz

No es habitual toparse con delfines comunes dentro de la ría, y menos que frecuenten dársenas como la de Escarabote, donde este fin de semana una hembra y su cría de pocos días buscaron refugio. Su presencia se convirtió en todo un espectáculo que atrajo hasta el muelle de la localidad boirense a decenas de personas para verlos. Los inesperados visitantes acapararon los flashes de cámaras y teléfonos móviles durante toda la jornada del domingo, y posiblemente nadie sospechaba en aquel momento que estaban siendo testigos de las últimas horas de vida de los dos mamíferos.

Personal de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma) desplazado hasta A Pobra confirmó a última hora de la tarde de ayer que los dos ejemplares de delfín que aparecieron varados en el arenal de O Pozo eran los mismos que el día anterior surcaban las aguas de Escarabote. Habrá que esperar a la necropsia para saber las causas de la muerte, pero de entrada los cadáveres no presentaban heridas importantes visibles, por lo que es posible que existiera algún problema previo: «A femia estaba bastante delgada, quizais tiña algún problema e por iso escapaba do mar aberto e das súas dificultades e buscaba refuxio dentro da ría».

Quizá esa es la razón por la que el sábado se pudo ver a ambos delfines en aguas pobrenses y por la que el domingo convirtieron el puerto de Escarabote en lugar de peregrinación para los curiosos que querían observar un fenómeno inusual. De hecho, fue tal la expectación generada que se tomaron medidas para intentar preservar la integridad de los cetáceos.

Labor de vigilancia

La afluencia de tanta gente al puerto asustaba a la hembra y a su cría, y alguna embarcación intentó acercarse demasiado a ellas, por lo que el equipo de emergencias de Boiro, siguiendo las instrucciones del Cemma, realizó una labor de seguimiento y vigilancia para evitar que los curiosos molestasen a los delfines.

La presencia de una cría tan pequeña, de apenas unos días, fue el principal foco de atención, e incluso comenzó a circular el rumor de que había nacido en la misma dársena. Desde el Cemma lo desmintieron categóricamente: «É un cachorro pequeno dependente da súa nai, navegan xuntos, pero non naceu aquí. Aparentemente non se ven marcas fetais co cal pode ser que tivera unha semana».

Una vida muy corta que acabó en la costa de A Pobra cuando se creía que madre e hijo estarían ya mar adentro. Permanecieron en Escarabote hasta bien entrada la noche del domingo, pero no amanecieron en el puerto de la localidad boirense. Personal del equipo de emergencias hizo varias rondas durante la mañana de ayer para tratar de localizarlos, pero no había rastro de los mamíferos.

Unos mariscadores

Fue un grupo de mariscadores que se encontraba trabajando en las inmediaciones el que dio la voz de alarma ayer a media tarde al divisar dos ejemplares varados en el arenal de O Pozo, uno de ellos una cría. El hallazgo hizo pensar de inmediato en los delfines avistados en Escarabote, y horas más tarde el Cemma confirmaba el triste final de los inesperados visitantes.

En la zona, a la que fue difícil acceder una vez que subió la marea, a pesar de que la Policía Local pobrense había intentado señalizar el punto en el que se encontraban, los expertos identificaron marcas que apuntan a la presencia de un tercer animal varado que logró adentrarse nuevamente en el mar. La cría y su madre no tuvieron tanta suerte y a última hora de ayer los profesionales del Cemma se disponían a llevárselos para practicar les la necropsia y conocer las causas de su muerte.

Del arroaz Gaspar a los ejemplares de ballena azul (Documentación)

La presencia de los dos delfines comunes avistados este fin de semana en aguas arousanas fue demasiado breve como para que alguien llegara a bautizarlos, pero en la comarca se han localizado otros ejemplares de cetáceos que durante un tiempo formaron parte de la fauna de la ría. El caso más conocido es el de Gaspar, un arroaz solitario que irrumpió en la zona por primera vez a principios del 2008 y que se convirtió en todo un reclamo.

Su hábito de acercarse a las embarcaciones y dejarse tocar convirtieron a Gaspar en un famoso visitante que todo el mundo ansiaba avistar, y aunque durante un tiempo permaneció en la ría de Arousa, sus idas y venidas eran imprevisibles y le llevaron a recorrer de norte a sur toda la costa gallega, llegando incluso a Asturias y a la localidad portuguesa de Aveiro. Su comportamiento no solo llamaba la atención de los curiosos, también de los expertos, que realizaron un exhaustivo seguimiento de sus viajes por el Atlántico.

Desde el 2009 no han vuelto a tenerse noticias de él en aguas arousanas, pero sí han aparecido por estas latitudes otros cetáceos que tampoco es habitual encontrarse. Este mismo verano, el pasado julio, el Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares grabó con una cámara submarina imágenes de un grupo de nada menos que treinta delfines comunes a dos millas de Corrubedo.

En aguas de Aguiño

Pero no solo arroaces y delfines pueblan las aguas de Barbanza y Muros-Noia, y este mismo año se avistaron dos ejemplares de ballena azul frente a Aguiño. No era la primera vez que se localizaba a un cetáceo de esta especie, ya que en septiembre del 2017 una embarcación de Gardacostas grabó en vídeo a un mamífero de entre 18 y 20 metros de largo en la boca de la ría de Muros.

También entre los animales que han aparecido varados en el litoral de la comarca en lo que va de año hay algunas rarezas. Entre el cerca de medio centenar de casos registrados, la mayoría de delfines comunes y arroaces, destaca por su rareza el hallazgo de una tortuga verde con un caparazón de 76 centímetros. Se trata, según el Cemma, del ejemplar más grande de esta especie localizado en Galicia.

Otro caso que llama la atención es el de un cachalote pequeño que fue recogido aboyando atrapado en una red fantasma. En el interior de su estómago se encontraron plásticos de más de un metro y medio de largo.

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