Portos, Costas y Concello


Buzón del lector

Ribeira limita con el mar o la mar, dicha así por marinos y poetas. Pero además de la hermosura que ello representa, el concello de Ribeira está lleno de vida, de vecinos, de turistas y demás visitantes. Pequeños y mayores que viven, trabajan, disfrutan y pasean por sus calles, sus puertos, sus playas y los correspondientes paseos marítimos. ¿Y qué problemas suelen encontrarse en su largo caminar? Losetas levantadas en los paseos litorales; barandillas sin hierros protectores o con ellos en peligroso estado; tablones de madera de los paseos marítimos y dunares rotos o astillados; alumbrado que enciende a según; viviendas a la espera de autorización para reparar o reponer sus tejados; calles mal asfaltadas; accesos a puertos, cual Palmeira, en donde los coches y motos circulan a velocidades de vértigo; sanciones por aparcamiento en zonas (al parecer) portuarias hechas por funcionarios o vigilantes con limitada capacitación para tal fin; sanciones a terrazas en lugares existentes antes de que se crease el organismo de Portos de Galicia... ¿Y qué me dice usted a mí con todo esto? ¡Reclame usted ante los organismos a lo que se compete!

Ahí viene la cuestión: ¿ante quién? El alcalde y sus delegados alegan que tal cosa es de Portos o de Costas. Portos es de la Xunta de Galicia y Costas es del Estado. Portos no tiene a nadie visible, más allá de unos guardias que tan solo se ocupan del cumplimiento de la recaudación. Y Costas del Estado queda tan lejos para resolver las cosas que (al margen de sancionar a quien aumente las medidas de una ventana en casa según ellos afectadas por un arbitrario deslinde) los senderos, los accesos a playas, los tejados, la seguridad y todas esas menudencias carecen de importancia, ocupados como están con los problemas del estanque del Retiro o de las embarcaciones del Almirante Mayor de Castilla de Alcalá de Henares. Y entonces sucede que los vecinos, visitantes y turistas de Ribeira y sus parroquias protestan ante el Concello o responsabilizan al alcalde por ser su representante más directo, con expresiones de cabreo tales como: «¡Xa estou farto de que se pasen a pelota!» (Léase como traducción suave a cargo del firmante). Pero aun así, poco o nada se consigue. La respuesta suele ser siempre la misma: «Iso é de Costas... Iso é de Portos... Estamos nelo...». Y así se zanja la cuestión.

Decían los clásicos aquello de corruptissima republica, plurimae leges. E así nos vai.

José Vicente Domínguez, Ribeira.

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