Xoán Fernández: «A pintura xeroume algúns dos momentos máis felices da miña vida»

El palmeirense vuelve a la carga con una nueva exposición en el bar Amanitas

M. A.
Ribeira / la voz

Como si se tratase de un compañero de viaje, la pintura siempre estuvo pegada a Xoán Fernández. Desde su juventud, el palmeirense se recuerda con un pincel en la mano, cubriendo lienzos sin parar y ganándose el reconocimiento de todo el que observaba sus obras. Su pasión por el arte gráfico le ha llevado a realizar alrededor de 500 cuadros, los cuales han pasado por las diversas salas de todo Barbanza. Incansable, el pintor suma ahora una nueva exposición que continuará abierta al público hasta el 31 de agosto en el bar Amanitas, en A Pobra do Caramiñal.

Una docena de pequeños cuadros dan forma a esta nueva demostración que recubre las paredes del local pobrense. En ellos, se reflejan los paisajes barbanzanos de los que tan orgulloso está el artista de Palmeira. Sin importar la temática, Fernández pintó montes, playas y otras vistas entre los que predomina la temática marinera: «Pinto calquera cousa, calquera lugar, porque o que me gusta é pintar. Neste caso foron paisaxes. As zonas do Barbanza sempre son dignas de debuxar».

Para realizar su actual exhibición, Fernández contó con la ayuda de la galería ribeirense O Faiado. El pintor y la asociación mantienen una estrecha relación y han colaborado en muchas ocasiones. De hecho, el artista tiene en sus instalaciones muchos de sus cuadros. «Fíxate si hai anos que os coñezo, que xa nin me acordo da primeira vez que colaborei con eles», comenta entre risas.

La exposición tuvo también su origen en el bar Amanitas, del que Fernández es cliente habitual. El dueño le pidió una pequeña muestra para decorar las paredes durante el verano y no pudo decir que no: «É amigo dende hai moitos anos. Vou moito por alí e pediumo. Aceptei encantado, para min é un pracer».

Del abstracto a lo real

Los inicios de Fernández en la pintura están alejados de ser una herencia familiar o una afición que comenzó con los amigos en el colegio. El palmeirense descubrió la pintura por su cuenta y aprendió todos sus entresijos de manera autodidacta. El mundo abstracto y los retratos eran la base de sus primeros cuadros, pero un viaje lo cambió todo.

Por motivos laborales, en los años 80, el pintor y su familia se fueron a Róterdam. Allí, impactado por el arte gráfico holandés del siglo XVII, empezó a ver su pasión de una manera diferente. Estudió la pintura neerlandesa al detalle y fue nutriéndose de grandes artistas como Johannes Vermeer. En su vuelta a Galicia, aquellas ideas anteriores habían mutado en un estilo mucho más realista que conformaba preciosos paisajes de todo tipo.

Su experiencia en los Países Bajos cambió su arte y también su forma de ver el mundo. Dio un vuelco radical a su trayectoria y sus nuevas exposiciones empezaron a llenarse de cuadros que reflejaban las zonas más destacadas del Barbanza.

A pesar de haber cambiado su estilo, Xoán Fernández no mudó su manera de ver la pintura, a la que define como «unha forma de expresión persoal que me axudou moito na miña vida». Tampoco varió la sensación que siente al coger el pincel. Las nuevas técnicas y preferencias temáticas siguieron generándole «algúns dos momentos máis felices da miña vida, unha sensación difícil de comparar».

Después de su más que extensa trayectoria y sin haber dejado de pintar ni un solo día, el palmeirense sigue sin pasársele por la cabeza la idea de colgar el pincel de manera definitiva. Su amor por la pintura va más allá de edades y mientras pueda seguirá mostrando sus cuadros al mundo: «Na miña cabeza está seguir pintando. Non teño nada pensado, pero algo farei».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

Xoán Fernández: «A pintura xeroume algúns dos momentos máis felices da miña vida»