Un descenso de 76 metros sin respirar

El boirense es el primer buceador gallego que alcanza esa profundidad en inmersión libre

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Ribeira / la voz

El Blue Hole, en Dahab, Egipto, es la meca del buceo europeo. La belleza del entorno, la riqueza de su fondo marino y la cercanía con la costa han conferido a este agujero azul, ubicado en el mar Rojo, de un halo que atrapa a aquellos que se sienten vivos sumergiéndose en el agua. Uno de los últimos en caer rendido a sus encantos fue Ramón Carreño (Boiro, 1986), quien logró este mes convertirse en el primer gallego que desciende 76 metros en inmersión libre. El apneísta estuvo la friolera de 3 minutos y 7 segundos sin inhalar ni una sola bocanada de oxígeno.

El barbanzano, que conoció la pesca submarina de la mano de su padre cuando todavía era un crío, afrontará los días 1 y 2 de septiembre el Campeonato de España, que se celebrará en Puerto del Carmen, Lanzarote. Su camino hacia la cita nacional comenzó a esclarecerse en el 2016, cuando decidió abandonar una vida tranquila para convertirse en instructor de buceo.

«Trabajaba en Inditex de informático, pero siempre pensé en dedicarme a algo que me apasionara de verdad. Fui a Egipto dos semanas de vacaciones. Quería conocer Bahab y entrenar allí un poco», confiesa el barbanzano, que solo tres semanas más tarde dejó su puesto de trabajo, cogió las maletas y regresó al Blue Hole para convertir su afición en su sustento económico.

Su principal clientela son turistas europeos, aunque llegan de todas las partes del mundo. Buscan conocer el enclave, sumergirse sin necesidad de botellas. Es por ello que contactan con la academia en la que trabaja Carreño, la Free Dive International, que cuenta con delegaciones en Thailandia y Tenerife.

Pero su vida como maestro no ha conseguido llenarle por completo. Es por ello que el boirense quiere disputar el Campeonato del Mundo el próximo año. Los 76 metros de profundidad que alcanzó siguiendo las reglas de la inmersión libre (en la que descienden y ascienden con la ayuda de las manos y una cuerda) son una meta que tratará de superar en la cita internacional.

Medio natural

El entrenamiento se ha convertido en su forma de vida. El agua, en su casa: «Hay gente que entrena en el gimnasio, pero yo soy más partidario de pasar muchas horas en el mar. El cuerpo se adapta a todo y la apnea no es ninguna excepción». Conoce a la perfección qué ocurre con su físico cuando desciende lentamente: «La frecuencia cardíaca baja y la sangre se concentra en el tórax para suministrar oxígeno a los órganos importantes. Al mismo tiempo, los pulmones reciben parte de esa sangre para protegerse frente a los efectos de la presión».

Conocedor de la fama de deporte extremo con la que se define a la apnea, Carreño asegura que «no es correcto. El cuerpo humano cuenta con mecanismos para adaptarse a este deporte». La seguridad, confiesa, es una garantía. Ningún buceador puede descender sin un buzo que lo acompañe durante el proceso.

Él tiene claro que seguirá sumergiéndose. Para el Campeonato de España no se pone metas, es su primera participación. «Quiero probar y disfrutar de la experiencia». Buscará seguir los pasos de su referente, Miguel Lozano, el mejor apneísta del país, quien superó los 100 metros. Sabe que para lograrlo necesita calma: «Debo controlar mi mente».

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