La música en la iglesia


Buzón del lector

Hace tres años vino a Ribeira un sacerdote profesor de música que mostró qué música debe tocarse en la iglesia. Lo trajo un cura molesto porque en la suya tocaron Negra sombra contra su voluntad. Decía, entre otras cosas, que para cantos profanos hay otros locales.

Hace años estuvo de moda el Canto Gregoriano de los monjes de Santo Domingo de Silos. Arrasando EE.UU., decían los medios: «Jóvenes, adultos y mayores están buscando momentos de tranquilidad espiritual y contemplación con esta música. Los cantos influyen en el estado emocional y tienen un efecto tremendamente poderoso». ¿Está claro? Hay gente que no va a la iglesia para escuchar Agárrate saxo, cuando queramos esa música vamos a otros locales y allí bailamos el pasodoble con la señorita de compañía, previo pago. Esto viene al caso porque un miembro de un coro de iglesia me sermonea así en la tribuna del coro: «¿Pero a ti quién te escribió esa crítica?, ¿tú sabes lo que es la liturgia? Cuando termina la misa acaba la liturgia y te puedes marchar, y dejas hablar y tocar la música que se quiera. No puedes criticarlo. Está tan ciego de ira que no se da cuenta de que, a su vez, critica lo mío y quiere cortarme mi libertad. Quería decirle que hay más liturgia que la misa. Mientras Jesús sacramentado está en el sagrario hay una constante liturgia, que no se reduce a la misa; no es una misa de campaña donde se recoge todo y nos podemos poner a bailar. También me dice: «Si no quieres escuchar a los panegiristas, te vas».

Veamos al finado del cura cuando echaba muchos minutos predicando la palabra de Dios para que lo alabáramos y reverenciáramos. Unos se marchaban y otros se quedaban, pero unos y otros se sentían obligados a criticarlo. Y este cantante de coro de iglesia, que ni siquiera me quiso escuchar, que quería ensayar, me dice. A la salida lo espero en el atrio para que me escuche, me ve pero no se acerca. Gente que quiere una iglesia hedonista, vitalista nietzscheana, antagónica a la doctrina cristiana, donde curas pusilánimes colaboran. No trato de ofender a nadie, el que no se sienta ofendido que no se dé por aludido y el que se sienta, no tiene más que corregirse.

Tucho M. Betanzos. Ribeira

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

La música en la iglesia