Aretha Franklin: una pequeña oración


(In)Somnium

Amanecía cuando las trompetas tocaron a recogimiento y silencio. Luego lloraron los saxos y pianos, a la vez que enmudecieron los coros. Un poco más tarde, toda la música vestía de luto. Se había apagado la voz de todo un símbolo de la lucha sonora femenina y de los derechos de los afroamericanos. Fue el pasado jueves cuando se calló para siempre una de las hijas del reverendo Franklin: Aretha. Comenzó su dilatada y versátil carrera, a lo largo de la cual reunió un total de 18 premios Grammy, cuando solo contaba 14 años (1956) y cantaba góspel junto a sus hermanas en la iglesia de su progenitor. Ahora, 62 más tarde, queremos dedicarle un pequeño homenaje recordando un disco que grabó cuando ya tenía 26 y que en este año ha cumplido medio siglo de vida: Lady Soul, un título que nadie ha osado arrebatarle hasta el momento. Había nacido un mes de marzo de 1942 en Memphis y acaba de expirar rodeada de sus seres más queridos en Detroit.

Tras grabar aquel disco de góspel, la carrera de la niña prodigio de Memphis entró en un peligroso impasse cuando la dorada era de los 60 enfilaba su recta final. Fue entonces cuando experimentó un giro copernicano, lo cual aconteció luego de abandonar las filas de Columbia Records para embarcarse en Atlantic. Según relata la leyenda, en el traspaso jugó un papel decisivo el productor Jerry Wexler. Este fue el descubridor de la fórmula que permitió exprimir la personalidad interpretativa de la ya entonces diva del soul, al restaurar el rol de mujer de fuerte carácter, contestataria y nada sumisa, que ya había funcionado en décadas anteriores en el mundo del jazz y del blues. Y a la vez fue capaz de aglutinar sus diversas sensibilidades estilísticas en un solo y electrizante molde sonoro. Y, de todo esto, sin duda Lady Soul, su tercer larga duración, nos muestra su máximo esplendor.

Un año antes rozó la cúspide con, por ejemplo, Aretha arrives, pero sobre todo descerrajó las listas de ventas con una imbatible versión de Respect, la canción que había dado a conocer Otis Redding en 1965. En este Lady Soul arranca con Chain of fools, de Don Convay, otra bomba de semejante calibre junto con Think, tema que también se incluyó en el posterior elepé Aretha now (1968). Han llegado solamente estas tres canciones para que su nombre haya sido incluido en los libros de historia, en cuyas páginas aún continúa latiendo su enorme capacidad para exudar carnalidad, sufrimiento, espiritualidad, pasión y sensualidad en un mismo grito, alarido o en un susurro.

Cuando el brillo de su carrera menguó, Aretha Franklin abandonó Atlantic en 1980, y, aunque desempeñó un digno papel en el complejo orbe del pop, su trayectoria derivó hacia la penumbra. No obstante, nos ha dejado un legado impresionante (un centenar de singles y sobre 50 álbumes), jalonado con perlas o himnos como los ya citados y estos otros: Ain’t no way, You make me feel like a natural woman o I say a little prayer. En suma, su decadencia se olvida tras solo media hora de escucha de señorío interpretativo.

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