Durán Casais, el arquitecto de A Pobra

Amigos del exalcalde defienden los méritos que llevaron a nombrarlo hijo adoptivo a título póstumo

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RIBEIRA / LA VOZ

La retirada de los títulos honoríficos de hijos adoptivos del que fuera alcalde de A Pobra Segundo Durán Casais y del expresidente de la Xunta Fernández Albor ha traído a la actualidad a dos personas indispensables para el municipio barbanzano como lo conocemos hoy, especialmente la primera de ellas, sobre cuya figura se ha abierto un debate en las redes obviando, muchos de quienes alegremente opinan sobre él, que tiene una familia que sufre con los agravios, muchos de los cuales proceden de gente que no lo conocía ni sabe de los méritos que avalaron la concesión de un reconocimiento que le llegó a título póstumo, concretamente en el año 2008.

Segundo Durán Casais bien podría definirse como el arquitecto de A Pobra actual, como hace constar su amigo y mano derecha durante muchos años en el gobierno de la villa Álvaro Vieites Davila, quien ejercía de alcalde accidental cuando el titular estaba ausente. Sí, Durán era una persona temperamental, pero llevaba los intereses de sus vecinos y los de su villa de adopción hasta las últimas consecuencias: «Recuerdo una vez, cuando fui con él a hablar con el gobernador civil para que ensancharan los puentes de A Angustia, porque en ellos se sucedían los accidentes, incluso mortales. Le dijo que ya tenía la dinamita y el dinamitero para tirarlos, si no lo hacía el Gobierno, y le espetó ‘el dinamitero soy yo’. Me dije que íbamos directos a la cárcel, pero no fue así y los puentes dejaron pronto de ser un problema».

La afrenta

Esta anécdota refleja el ímpetu con el que Durán Casais defendía sus proyectos ante cualquier Administración, amiga o no tanto, como la afrenta que le costó ser excluido de las listas del PP al Parlamento de Galicia después de que pusiera en jaque la mayoría absoluta de Manuel Fraga: «Él y Juan Antonio Garrido, el de Vilagarcía, avisaron de que no iban a aprobar los presupuestos de la Xunta si no se incluían partidas para los hospitales de Barbanza y O Salnés. No los tomaron en serio, hasta que llegó el momento, en una reunión del grupo parlamentario, y dijeron que no, lo que obligó a posponer el pleno. Ni el enfado de Fraga le atemorizó. No tuvieron más remedio que incluir las partidas para iniciar el proceso de ambas obras. Pese a todo, le dijeron que iría en la listas, pero no fue así. Fraga no perdonaba. A Durán le daba igual que se estableciera en Boiro o Ribeira, pero quería que se hiciera, y lo consiguió a costa de un gran disgusto», recuerda Vieites.

«Los amigos los eliges o te eligen. Los familiares te los imponen», explica el que fuera persona de máxima confianza de Durán para explicar el grado de amistad que tenía con el recordado alcalde: «Él era amigo de sus amigos y defensor de sus vecinos. Vivía en Santiago porque allí estudiaban sus hijos, y, muchos días, antes de coger el coche para venir para la villa, recorría los hospitales para visitar a los pueblenses que estaban internados, para que nada les faltase. Siendo gerente del provincial y del psiquiátrico, sus puertas estaban siempre abiertas para atender las inquietudes de sus vecinos y de los barbanzanos», explica Vieites.

La avalancha de comentarios en las redes sociales han animado a muchas personas que conocieron a Durán a salir en su defensa, incluso rivales políticos: «Era implacable en la defensa de los intereses públicos y en su ideario político, pero nada que ver con lo que estamos viviendo de quienes se presentan como adalides de la nueva política», señala una persona que compartió escaño con el pobrense. Álvaro Vieites, por su parte, detalla que, cuando Durán fue nombrado alcalde antes de la llegada de la democracia a los ayuntamientos «aceptó la propuesta, pero se negó a ser jefe local del movimiento, cargo que era inherente a los alcaldes de entonces, porque dejó claro que no era falangista».

Infinidad de mejoras

Quienes trabajaron al lado de Durán Casais en su larga etapa de alcalde enumeran las mejoras que consiguió para su «Puebla», que el paso del tiempo pudo haber tapado, como fueron los colegios Salustiano Rey y Cadreche, o el campo de fútbol de A Alta, que llevó su nombre hasta que en 1991 le fue retirado por el gobierno local que presidía el socialista Ramón Rego. «En una ocasión teníamos una reunión del grupo municipal, y Segundo, que era el más puntual, no llegaba. Lo localizamos en el campo de fútbol cortando el césped. Estaba tan entretenido que se había olvidado», detalla Vieites en relación al estadio que levantó en el alto de Cabío.

De la misma forma que se implicó para poner a su pueblo en la vanguardia, hizo lo propio con, por ejemplo, el Liceo Pueblense, cuya sede actual se adquirió siendo él presidente. «Segundo vino a vivir aquí siendo un niño. Ya de adolescente, entró a trabajar de bedel en el Casino. Como eran tiempos difíciles, las suelas de sus zapatos tenían chinchetas para reducir el desgaste. Era tal el ruido que hacía al caminar, que un día el presidente de la entidad mandó comprarle un calzado nuevo», recuerda Vieites una anécdota que le contó.

Quizás la humildad espoleó a Segundo Durán para gestionar lo mejor para su pueblo: la residencia comarcal de jubilados, el muelle comercial que acabó dando alas a A Pobra para convertirse en el primer puerto europeo en descarga de túnidos; los terrenos para el polígono industrial «cuyos 50.000 primeros metros cuadrados compró a Papelera Española»; el club náutico, la Torre de Bermúdez «para convertirla en el Museo Valle-Inclán», la depuradora de San Antón y la red de alcantarillado que «sustituyó a la antigua y acabó con las inundaciones», el relleno de la plaza Segundo Durán, «que es propiedad del ayuntamiento», precisa Vieites.

También fue aventajado en el aspecto turístico, porque hizo del arenal de A Lombiña la primera playa de la comarca con paseo marítimo y bandera azul, «donde ondeó muchos años antes de que esta enseña se generalizara», y su municipio acaparó durante varios años el premio estatal al embellecimiento de pueblos.

Amigos de Durán Casais admiten que, como todo cargo público, el recordado alcalde tuvo errores, o asumió la responsabilidad de los que cometieron personas que estaban a su lado, porque nunca dejó a nadie en la estacada, pero supo reconocerlos e incluso enmendarlos, de ahí que insistan en hacer públicos sus méritos e instar a las fuerzas políticas a reconsiderar la decisión de revocar la concesión de hijo adoptivo, paliando el sufrimiento de su familia y haciendo justicia.

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