Freno al arco iris callejero en Barbanza

Varios concellos limitan los colores que pueden usarse en fachadas de viviendas y bajos para luchar contra el feísmo


ribeira / la voz

Rojos, verdes, azules o hasta violetas, junto a blancos y a tonalidades ocres, conforman el paisaje de color de las fachadas, principalmente en las casas, diseminadas por los municipios barbanzanos. La AC-550 o la AC-305 constituyen un auténtico arco iris. Aunque hay localidades, como Cabo de Cruz o Corrubedo, que han hecho de esta gama cromática un elemento que les confiere personalidad propia, en la mayoría de los casos se trata de ejemplos de feísmo que algunos ayuntamientos están empezando a combatir, al menos en áreas especiales por su carácter histórico o por la singularidad de algunas de sus edificaciones.

También Patrimonio impone una serie de restricciones en las inmediaciones de lugares especialmente protegidos, como la torre de Bermúdez (considerado bien de interés cultural), así como de iglesias. A esto hay que sumar las limitaciones que existen en las áreas de rehabilitación integral, como la de Rianxo, o las impuestas por los planes especiales de los cascos antiguos de Noia y Muros.

En el caso rianxeiro, el responsable del servicio de rehabilitación, Carlos Fernández Coto explica que la normativa que aplica el Ayuntamiento permite, básicamente, el empleo del blanco y de tonos ocres suaves. Sin embargo, precisa que en una reforma, Patrimonio autorizó la utilización de un tono ocre oscuro en una composición en la que predominaba el blanco.

Rehacer el trabajo

Tanto en A Pobra como en Rianxo se dieron casos de vecinos que tuvieron que rehacer el trabajo, ya que emplearon colores que no están autorizados. Responsables de ambos municipios precisaron que en ninguno de los casos los promotores tramitaron la licencia, por lo que no fueron informados de los requisitos.

Otros concellos, como Porto do Son, Boiro y Noia -en este último caso, fuera del casco histórico- también buscan reducir el impacto visual. El mandatario sonense, Luis Oujo, explica que el PXOM establece limitaciones, que deberán tener en cuenta quienes vayan a pintar una fachada o a realizar una reforma.

La colocación de baldosines está prohibida y la carpintería metálica también debe ser acorde con el entorno. Por ahora, comenta Oujo, nadie ha tenido que cambiar una obra hecha, pero la normativa rige para ámbitos muy diversos y, en este sentido, el alcalde explica: «Requerimos ao dono dun establecemento porque puxo un toldo fosforito».

Por su parte, el noiés Santiago Freire, comenta que «no PXOM, que está en fase de aprobación definitiva, está regulado fóra do ámbito do casco histórico». El propio Ayuntamiento se encargó, en el marco del proyecto de reforma del malecón de Gasset, de pintar de blanco unos bajos para, concretó Freire, «evitar o aspecto degradado na zona». Además, el alcalde de Boiro indica que en los núcleos se informa a los propietarios que van a realizar obras que los elementos y tonalidades elegidas deben ser acordes con las características del lugar.

La Consellería de Medio Ambiente abrió el camino para acabar con el feísmo estableciendo unas recomendaciones que no son de obligado cumplimiento.

«Tiven que volver pintar o local para evitar unha sanción»

Entre quienes se han visto obligados a cambiar el color dado originalmente a una fachada se encuentra una vecina de A Pobra que, en agosto del pasado año, abrió un negocio de venta de golosinas en un bajo situado frente a los jardines Valle-Inclán. Explica que «tiven que volver pintar o local para evitar unha sanción».

Inicialmente, los gerentes del establecimiento decoraron la parte exterior de rosa. Dado que las dos casas contiguas al local son de piedra, la tonalidad no pasaba desapercibida. La afectada comenta que comenzaron a surgir las críticas en las redes sociales y que, un tiempo después, le llegó una notificación del Ayuntamiento en la que se le indicaba que el color elegido no se ajustaba a las especificaciones existentes para el entorno.

La mujer señala que desconocía la existencia de una normativa al respecto y también indica que presentó un recurso «con imaxes doutros edificios pintados con cores vivas aos que non se lles mandou que o cambiaran».

Grandes cadenas

Su recurso no fue aceptado y tuvo que acatar la normativa. Señala que le parece correcto que se intente buscar una uniformidad estética, pero menciona que, por ejemplo «iso non parece rexir para algunhas grandes cadeas de supermercados, que teñen cores moi rechamantes». Esta circunstancia, así como otras que afirma conocer en la localidad, le lleva a preguntarse por el procedimiento seguido a la hora de aplicar la normativa.

Incluso, comenta que efectuó estas precisiones al técnico municipal cuando abordó su caso para conocer las casuísticas.

Otros vecinos del término están al tanto de las restricciones y, al parecer, hay algunos que todavía no han iniciado las obras proyectadas.

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