«A xente quere sardiñas»

Pescaderos de Barbanza destacan que el cierre de la pesquería repercute en sus negocios y afirman no entender la decisión


ribeira / la voz

La llegada del verano implica un aumento de las ventas en productos de alimentación y los puestos de pescado de las plazas de abastos constituyen uno de los principales reclamos para los visitantes. Por eso, el cierre de la pesquería de la sardina no solo siembra el descontento entre la flota, también lo hace entre los pescaderos, quienes afirman que la falta de esta especie les perjudica: «A xente quere sardiñas», señalaban ayer en Ribeira José Ramón Vázquez y Mónica Luna, responsables de dos negocios emplazados en el mercado ribeirense.

Visiblemente enojado por lo que ocurre, José Ramón Vázquez aseguraba: «É un peixe que se consume basicamente en xullo e en agosto, que prohiban as capturas no outono, pero non agora que a xente vén pedíndoa porque se fan moitas festas ao aire libre». Para compensar la falta de producto autóctono, este comerciante tiene en su expositor sardina procedente de Portugal, pero la enseña y afirma que no es lo mismo: «Non ten nada que ver coa que se colle aquí». La demanda es mucho menor y su precio está por las nubes: a 8 euros el kilogramo.

Cuando se le pregunta a la placera Mónica Luna si tiene mucha repercusión la falta de sardina, responde sin dudarlo: «Vaya si tiene». Explica que ella no compra de la portuguesa «porque non compensa». Subraya que es demasiado cara: «A caixa de 14 quilos está a uns 100 euros. Non paga a pena mercala».

Señala que, en contrapartida, algunos clientes se conforman llevando chincho, cuyo precio oscila entre los 5 y 6 euros el kilo: «Pero non é o mesmo».

Bea Maneiro tampoco trae sardina de fuera y prefiere cautivar a sus clientes con otros pescados y mariscos de la zona. Reconoce que la falta del popular pescado sí tiene una notable repercusión: «A xente pregunta por ela e nesta época na que vén tanta xente de fóra sería normal tela, pero que se lle vai facer».

La xouba

Entre los compradores que ayer acudieron al mercado ribeirense en busca de pescado había muchos foráneos, como un matrimonio residente en Madrid que todos los años disfruta en la comarca de sus vacaciones estivales. La mujer explicaba que una de sus citas ineludibles es la Festa da Xouba de Rianxo, y que este año se llevaron un chasco al saber que se había cancelado por falta de producto: «No puede ser, porque es una celebración típica». Ella tampoco acertaba a comprender cómo ha podido llegarse a esta situación.

Mientras los placeros se desesperan porque los clientes van en busca de un artículo que no tienen, los profesionales del cerco o el xeito parecen resignados. El patrón mayor de Rianxo, Miguel Ángel Iglesias, que está al frente de un pósito con más de una treintena de xeiteiros afectados por el cierre de la pesquería, manifestaba ayer por la tarde que todavía no se sabe nada sobre el anticipo de cuota solicitado a la Administración para poder aprovechar el tirón que esta especie tiene en verano.

Pocas esperanzas

Iglesias, quien afirmó que esta no es una buena época para imponer un cierre, es muy poco optimista: «Eu vexo difícil que permitan a reapertura».

Entre los xeiteiros existe una gran incertidumbre porque ni tan siquiera saben si podrán reanudar la actividad el próximo mes. En principio, tendrían que poder disponer del cupo correspondiente al trimestre comprendido entre agosto y octubre, pero algunos profesionales indican que ya se había sobrepasado el tope establecido para el período de abril a junio.

Los que pueden faenan con otras artes y, el resto confía en regresar al mar en breve.

El elevado precio del pulpo frena las ventas

Varios eran los puestos del mercado ribeirense en los que ayer podía encontrarse pulpo y, además, de buen tamaño. Eso sí, dos o tres ejemplares era lo máximo que podía verse en cada uno. Lo que no acompañaba en absoluto era el precio, a 16 euros el kilo. La pescantina Mónica Luna lo tiene claro: «O polbo e o chopo van desaparecer». Asegura que hace ya mucho tiempo que ambas especies tienen un precio demasiado elevado, lo que motiva que la gente no lo compre.

Aunque con la llegada de los veraneantes la demanda se mueve un poco más, los placeros recalcan que la situación nada tiene que ver con la existente cuando «o prezo era máis normal».

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