¿A dónde nos llevan los políticos?


V ivimos en una sociedad cuyos integrantes se preocupan por sus temas personales y una vez cada cuatro años delegan la organización y el control del Estado en los políticos. A cambio, estos reciben una retribución y una influencia social que les proporciona el cargo para que, de esta forma, los ciudadanos podamos seguir con nuestros quehaceres diarios. Pero, ¿qué está ocurriendo? Parece que desde hace ya demasiado tiempo los políticos que gobiernan no realizan su tarea con efectividad, sirva de ejemplo el enorme esfuerzo que dedican a intentar demostrar que otros políticos lo hacen muy mal. Como resultado, podemos ver cada día las horribles consecuencias de su gestión: un avión de soldados contratado en condiciones nefasta lleva a la muerte a muchos de ellos, un Tribunal Constitucional paralizado, una justicia bloqueada, unas listas de espera en la sanidad fuera de toda lógica, unas obras públicas que se desmoronan, unos servicios básicos que no funcionan y un largo etcétera.

¿Qué debemos hacer entonces? La sociedad tiene que pedir responsabilidades a los políticos cuando los resultados de sus actuaciones comprometen el futuro colectivo y hacen daño a la sociedad. Últimamente, los políticos hablan más de problemas que de proyectos, y la política genera más cansancio que ilusión. Existe un pesimismo ambiental que no invita a la participación. Sorprende que no hayamos sabido asociar mejor política y progreso. Hay políticos que no es que no hayan perdido el norte, sino que nunca tuvieron brújula.

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