Nina, la perrita que perdió el Camino

Un mariscador mueve cielo y tierra para localizar al peregrino que, hace semanas, extravió a su mascota en Vilanova. «Este animal só llo vou dar ao seu dono», dice


Vilanova / la voz

El dueño del animal dejó dos números de teléfono, pero en ninguno de los dos contestan

José encontró a la perra en As Sinas; estaba muerta de hambre y, también, de miedo

«Ten colar, microchip... Vese que a querían moito. Seguro que a botan de menos»

En las oficinas de la Policía Local de Vilanova no saben precisar cuándo ocurrió, pero calculan que ha pasado una semana desde que un peregrino francés se acercó a ellos para comunicarles que había perdido a uno de sus perros. En realidad, era una perrita la que había extraviado el Camino en algún lugar de esta localidad arousana. Cualquiera que tenga una mascota puede imaginarse la pena del caminante. Y con esa mezcla de esperanza y tristeza apuntó su número de teléfono bajo la foto de Nina que dejó colgada en varios puntos del municipio. A veces los milagros ocurren. ¿Por qué no iba a ser así esta vez?.

El peregrino siguió su ruta y Nina se quedó en Vilanova, dando vueltas en busca de su guía. Su recorrido, desordenado y desorientado, la llevo hasta la zona de As Sinas. Y allí la vio el dueño de un bar en el que suelen parar los mariscadores tras una jornada de trabajo. Fue él quien, desde detrás de la barra, llamó la atención de José Viñas sobre «un can que levaba un par de días por alí, abandonado». José, que acababa de volver del mar, cruzó su mirada con la del animal. «Estaba moi triste», dice. Tanto, que se dejó acariciar a la primera, como si echase de menos el contacto con los humanos. «Enseguida vin que tiña colar», relata el mariscador vilanovés. Y coligió, enseguida, que estaba ante un animal perdido.

«Por suposto, o primeiro que pensei era que sería un can de alguén de Vilanova», explica José. Decidió llevársela a casa y, al día siguiente, iniciar la búsqueda de sus propietarios, a los que imaginaba desolados. Ahora, cinco días después de aquel rescate, está convencido de que el peregrino que perdió a Nina tiene que estar devastado. «É un animal marabilloso», relata. Tanto, que reconoce que el día que tenga que despedirse de ella va a sufrir. Y mucho.

Pero no adelantemos acontecimientos. Nina llegó hace cinco días a San Miguel de Deiro, a la casa de José, donde habitan dos canes más. A ellos se debe, en parte, la buena suerte que ha tenido nuestra peregrina de cuatro patas. «Se algún dos meus animais se perdera, gustaríame que foran ben tratados e que quen os atopara fixera todo o posible por devolvermos», razona José, que es de esas personas que predican con el ejemplo. Relata como, nada más llegar, Nina sació su enorme apetito de perra vagabunda. Y como recibió con agradecimiento todas las muestras de cariño que su nuevo amigo le regalaba. Al día siguiente, José decidió empezar su particular investigación para encontrar al dueño de Nina: «O primeiro que fixen foi ir ao Concello a preguntar. E foi alí, na Policía Local, onde me dixeron que era o can dun peregrino francés».

Los números

«non existen»

 

Desde las propias oficinas de la Policía Local hizo los primeros intentos por encontrar a la familia de Nina. Pero ni aquellas primeras llamadas a los números de contacto dejados por el peregrino, ni las que luego han seguido realizando él y su familia, han dado frutos. «Ou di que non existen, ou non funcionan». Hubo un momento en el que parecía que esta historia iba a tener un final de película. «Chamáronnos do refuxio de Cambados dicíndonos que atoparan aos donos. Pero ao final non eran. Esta era unha rapaza que perdera o seu can, tamén, pero na zona de Vilalonga», cuenta José.

«E así estamos, esperando», reflexiona este mariscador vilanovés, que siente en el estómago el peso de una contradicción: el deseo por encontrar al dueño de Nina, que «seguro que a quere moitísimo», y la certeza de que la despedida de su pequeña nueva amiga va a ser dolorosa. «Dixéronme de levalo ao refuxio... Pero diso nada. Eu este animal só llo vou dar ao seu dono».

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