Los chiringuitos de playa de la zona están al alcance de bolsillos mileuristas

El coste de los quioscos está a años luz de las cifras astronómicas del sur de Galicia


Ribeira / la voz

Aunque las condiciones meteorológicas sean las idóneas, el verano en estas latitudes de la península es muy corto. Con todo, estos meses constituyen una oportunidad laboral para muchas personas, empezando por quienes optan a los puestos de socorrista que se ofertan en la comarca y acabando por quienes ponen sus ilusiones en negocios como los chiringuitos de playa. Hay diversidad de opiniones sobre la rentabilidad de esta actividad, sobre todo porque la instalación de los quioscos exige el pago de un canon a Costas, y en algunos casos también a los concellos. Pese a ello, la situación en Barbanza, Muros y Noia difiere enormemente de la que se registra en los municipios más turísticos del sur de Galicia y aquí los chiringuitos están al alcance de bolsillos mileuristas.

En la mayoría de los ayuntamientos del área barbanzana el cobro de un canon por la instalación de puestos de venta de bebidas y helados queda en manos de la Demarcación de Costas del Estado, así que las arcas municipales no registran ingresos por este concepto. El organismo estatal establece una cuota por temporada -que dura seis meses, de mayo a octubre- de 40 euros por metro cuadrado, una cifra a la que se suma una fianza de 25 euros por metro cuadrado para garantizar que, finalizado el período estival, el chiringuito se desmantela y se deja la zona tal y como estaba, sin daño alguno.

Según esto, y tomando como referencia que un quiosco de tamaño medio, como por ejemplo los licitados por el Concello de Ribeira, ocupa una superficie de unos 20 metros, el coste anual de un negocio se sitúa por debajo de los mil euros, instalaciones a parte. Esa cifra, obviamente, aumenta con el espacio ocupado, y Costas establece una autorización máxima, salvo casos excepcionales, de 200 metros cuadrados.

Zona de servidumbre

La otra posibilidad es que el establecimiento se ubique en terrenos de titularidad municipal, en cuyo caso el adjudicatario deberá abonar una cuota al ayuntamiento en cuestión y otra a Costas por la ocupación de la zona de servidumbre. Ocurre en municipios como Porto do Son, donde se ha fijado una tasa municipal de 8,65 euros por metro cuadrado.

Según indicaron fuentes del ejecutivo local, los titulares de los quioscos, que cuentan con una autorización por cuatro años, abonan entre 200 y 250 euros por temporada, más el canon de la Demarcación de Costas.

En Ribeira, por su parte, se licitó este año la concesión de media docena de chiringuitos para los próximos cuatro veranos. En el concurso convocado se establecía un precio mínimo de 608 euros, pero las ubicaciones más cotizadas, como las del arenal de Coroso, duplicaron esa cifra y se adjudicaron por unos 1.200. A esa cantidad hay que añadir cerca de 300 euros para Costas.

Uno de los concesionarios de los negocios ofertados por el Concello ribeirense explicaba que la fórmula de licitar los puestos por un período de cuatro años es mejor que la utilizada por Costas, que debe renovarse cada temporada: «Ao ser por catro anos non tes que estar pendente de cando saen os concursos e dos prazos, e sempre podes planificar o negocio doutro xeito e facer unha inversión maior».

Otro caso distinto es el de Muros. El Concello cobra una tasa del 2 % de la inversión que tenga previsto realizar el hostelero en el proyecto que adjunta son su solicitud.

La variedad de modelos y precios que se dan a este lado del Ulla no se acercan ni de lejos a las astronómicas cifras que se manejan en municipios como O Grove o Sanxenxo. En la playa de A Lanzada, por ejemplo, una empresa ha ofrecido 35.000 por un quiosco, y en Silgar un lote que incluye tres bares, tumbonas y servicio de pedaletas ronda la friolera de 115.000 euros.

La madera se impone en los establecimientos a la orilla del mar barbanzano

La normativa establece que en la instalación de chiringuitos debe primarse la utilización de materiales acordes con el entorno, pero tanto en Ribeira como en Porto do Son se ha establecido una exigencia en este sentido y la madera se impone en el litoral barbanzano.

Ambos concellos incluyen en el pliego de condiciones para la adjudicación de los quioscos la obligación de que sean de madera o estén revestidos de este material, y como una forma de compensar la inversión necesaria para ello optaron por concesiones de cuatro años, para que los hosteleros puedan rentabilizar el gasto realizado.

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Ejemplo

O Costas o los concellos están tardando en diseñar ordenanzas que regulen los materiales que deben utilizarse en los chiringuitos. Si en la mayoría de los municipios ya se ha actuado para unificar las terrazas de hostelería, con más razón debería cundir el ejemplo y combatirse el feísmo en espacios naturales como las playas.

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