Daniel Fraga: Un pobrense a la conquista de las Galápagos

El empresario ha posicionado su producto en todo el archipiélago de Ecuador y triunfa entre los turistas

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ribeira / la voz

Lo suyo era el diseño web, pero el amor se cruzó en su camino y lo llevó a terminar convirtiéndose en un emprendedor de éxito a más de 10.000 kilómetros de distancia y fabricando cerveza artesanal en las islas Galápagos. Aunque nació en Vilanova hace 36 años, al poco tiempo su familia se trasladó a A Pobra do Caramiñal, donde transcurrió toda su infancia y adolescencia. «De esa época recuerdo que la pandilla de amigos de O Lagar nos pasábamos todo el día jugando en la calle, y que cuando llegaba el verano nos íbamos a Cabío», apunta el pobrense, que desde siempre quiso enfocar su formación «hacia algo creativo. Aunque no estaba muy convencido de qué hacer, al final me matriculé en Publicidade en Pontevedra».

La época universitaria está entre los mejores años de su vida, y aunque considera que la carrera le ayudó mucho a la hora de labrarse un futuro, al principio se sintió un poco decepcionado por toda la teoría y la poca relación con la realidad del plan de estudios. Tras su paso por la ciudad pontevedresa, su siguiente escala fue en Madrid, donde Daniel Fraga hizo un máster en márketing de producción alimentaria que le permitió conseguir su primer empleo en la capital.

«Estuve algo más de dos años trabajando en una empresa y haciendo estudios de mercado, que no tenían que ver con nada creativo, que era lo que a mí me gustaba». Por eso, cuando tuvo la oportunidad, voló a Santiago para, primero, trabajar en el departamento de márketing de una compañía dedicada a la fabricación de puertas, y para luego conseguir un empleo como diseñador web, el trabajo que siempre había buscado. Durante su estancia en la capital gallega fue cuando hizo su primer viaje a las Galápagos. «Tengo un amigo que trabaja en una empresa de aviones, y siempre me organizaba unas vacaciones. Me invitó a ir a las islas y allí nos fuimos».

Este viaje marcaría un punto de inflexión en su vida, puesto que allí conoció a Jenni, la que se convertiría en su mujer. Al principio, la relación fue a distancia, aunque intentaban verse varias veces al año, hasta que la joven ecuatoriana decidió viajar a Barcelona para completar su estudios. Hasta allí también se fue Daniel, que podía seguir trabajando a distancia para la compañía de Santiago.

Sin embargo, cuando Jenni acabó sus estudios de ecología marina vieron que en España no tendría mucho futuro laboral, por lo que decidieron hacer las maletas y marcharse a las Galápagos, donde hay una gran preocupación por cuidar el medio ambiente. «Allí era imposible seguir trabajando como diseñador web, porque Internet es como el que había aquí hace 30 años, así que nos pusimos a pensar qué podíamos hacer y se nos ocurrió fabricar cerveza artesanal. Si lo piensas, en casi todos los sitios hay una cerveza propia y aquí no había ninguna, así que nos lanzamos».

Un año y medio de trabajo

Los inicios no fueron nada fáciles, sobre todo porque le faltaba experiencia, pero las ganas que le pusieron ayudaron a que en un año y medio estuviera todo rodado. «Tuve que vender el coche y la moto para conseguir dinero para poner a andar la fábrica. Además, hubo que sacar muchos permisos, comprar máquinas...», recordó Daniel Fraga, que ahora echa la vista atrás y reconoce que fue muy duro, pero que ahora ya está viendo los frutos de tanto trabajo.

Su cerveza -bautizada como Endémica- ya está presente en todo el archipiélago ecuatoriano, y gracias a la publicidad en Internet es una de las más demandadas por los turistas que llegan a la isla. «Ya estamos en todos los bares, restaurantes y tiendas y hemos conseguido aumentar la producción, aunque nuestra idea es seguir creciendo». De hecho, sus planes de futuro pasan por utilizar la maquinaria para ofrecer agua en botellas de vidrio reciclables, y también intentar sacar al mercado refrescos hechos con frutas. Fraga explica que el éxito de su producto se debe «a que cuidado del medio ambiente es muy importante en esta islas porque no hay donde meter la basura, así que todo lo reciclable tiene mucha salida».

Confiesa que trabajar allí no es muy distinto de hacerlo en A Pobra, porque no es mucho más grande que el municipio barbanzano, pero su sueño es regresar a Galicia en el futuro.

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