El gran éxodo barbanzano a Suiza

De los 18.000 residentes en el extranjero, más de 4.000 lo hacen en el país helvético

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mazaricos / la voz

Resulta poco menos que imposible saber el número exacto de barbanzanos que, en los últimos 50 años, se vieron obligados a coger la maleta en busca de una oportunidad laboral de la que aquí carecían. Lo que sí se sabe es que, dependiendo del año y, sobre todo, del lugar de procedencia, los destinos escogidos eran unos u otros. Mientras la comarca barbanzana emigraba mayoritariamente al continente americano, en Noia y Muros se tiraba más hacia países centroeuropeos como Reino Unido, Francia, Alemania y, sobre todo, Suiza.

Este último país fue el predominante en municipios como Carnota, Outes y Mazaricos durante el último medio siglo. Porque, aunque la emigración a Suiza arrancó oficialmente a finales de la década de los 50, el éxodo masivo de barbanzanos hacia la Confederación Helvética se dio bien avanzados los 60.

Por aquel entonces tenía un peso determinante el efecto llamada de muchos parientes y amigos que, sin quererlo, se convirtieron en pioneros de un movimiento migratorio solo comparable al que llevó a casi un millón de gallegos a América a mediados del siglo XX. «El hecho de ver marchar a otros familiares, bien sea a Europa o a América, influyó en su decisión, haciendo de esta partida una dinámica natural en busca de progreso. Por lo que sí que se aceptaría la hipótesis de la familia como elemento determinante en la decisión migratoria», apunta el sociólogo Pablo Porto en su estudio Maletas de ida y vuelta: análisis cualitativo de los flujos migratorios entre Galicia y Suiza

Contratos temporales

En este documento también se señala que, en sus inicios, la emigración a Suiza de muchos barbanzanos tenía carácter discontinuo, ya que estaba vinculada a campañas específicas de trabajo. «Muchos aprovechaban para regresar a casa, mientras otros se quedaban a la espera de la próxima oportunidad laboral, y durante ese período, carecían de permiso para su estancia», apunta el experto, cuya investigación deja entrever que mientras la mayoría viajaban con un contrato bajo el brazo, también había un número importante que optaba por entrar de forma ilegal.

La construcción y la limpieza fueron las actividades que ocuparon a un mayor número de barbanzanos en sus inicios en territorio helvético. Como apuntan varios de los que vivieron esa situación, por aquel entonces resultaba relativamente sencillo encontrar empleo con una remuneración más que razonable en comparación con la que podía percibirse en Galicia.

Aunque la situación de los emigrantes actuales difiere de la que se encontraron los que se marcharon hace medio siglo -al parecer, las condiciones laborales han empeorado significativamente- la colonia en Suiza sigue siendo importante. Según los últimos datos del INE, de los 18.000 barbanzanos que figuran en los censos de extranjeros, más de 4.000 residen de forma fija.

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X. Alvite

Ni en sueños podría imaginar María Otero García lo que acabaría suponiendo para su vida aceptar la propuesta que, un día de verano de 1969, le realizó su hermana Consuelo. «Ela xa marchara un ano antes e estaba moi contenta co emprego. Díxome que, se quería, facía por mandarme un contrato porque tiñan moito traballo e que fose probar un ano a ver como se me daba. Acabei botando 30 e formando alá a miña familia», comenta esta mazaricana que, a pesar de llevar ya dos décadas en su tierra natal, sigue manteniendo vínculos muy fuertes con el cantón suizo de Friburgo donde estuvo emigrada.

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