La escasa demanda de sardina mantiene los precios a raya

Vendedores y armadores explican que el mal tiempo es un freno para las ventas


ribeira / la voz

Faltan cuatro jornadas para la celebración de San Antonio en Portugal, lo que seguramente tirará, en las rulas de Portosín y Ribeira, de la compra de sardina, el pescado por excelencia de esta época del año. Hasta hace solo unos días, el producto escaseaba en las lonjas y en las plazas de abastos, básicamente porque la cuota de capturas es tan reducida que los cerqueros estiraron al máximo la campaña de la anchoa en el País Vasco. Ahora, sin embargo, lo que flojea es la demanda y afirman tanto vendedores como profesionales del mar que eso motiva que los precios estén todavía muy contenidos a menos de 15 días para la festividad de San Juan.

La cotización del kilogramo de sardina osciló ayer entre 1,10 y 1,25 euros en las rulas de Ribeira, Portosín y A Coruña. En todos los puestos de la plaza ribeirense se ofrecía a 5 euros y los comerciantes coincidían en manifestar que «é un prezo bastante razonable».

Si el coste no está por las nubes, ¿por qué la demanda no es mayor?. Tanto armadores como comerciantes coincidieron en señalar que el mal tiempo juega un papel determinante. Lo afirmaba el armador de Portosín Eduardo Carreño, de regreso a tierras gallegas tras una larga campaña en el Cantábrico: «Un viernes en esta época del año, si hiciese buen tiempo, el precio se hubiera triplicado. Como llueve, la gente no se anima a hacer sardiñadas, que acostumbran a ser en el exterior y eso se nota mucho en la cotización, porque los pedidos de producto bajan».

En términos similares se expresaba ayer el placero ribeirense José Ramón Vázquez: «La que traje la he vendido muy bien, pero si saliera el sol despachaba veinte cajas».

Menos convencida se mostraba la vendedora Mónica Luna, quien afirmaba que las economías domésticas no están demasiado boyantes y que los vecinos se lo piensan mucho antes de gastar el dinero.

Toda la flota en Galicia

A la rula de Ribeira llegaron ayer por la mañana las primeras cajas de sardina, unas 300, procedentes de dos barcos del cerco que hasta ahora estaban faenando en el País Vasco.

La totalidad de la flota, manifestaba Eduardo Carreño, se ha marchado ya del Cantábrico, por lo que solo cabe esperar que, a partir del lunes, la cantidad de sardina que llegue al mercado sea bastante superior a la existente hasta ahora, todo ello pese al restrictivo cupo.

Los cerqueros han aprovechado al máximo la campaña en aguas vascas, pero ahora no les queda más remedio que buscar otros caladeros porque, comenta Eduardo Carreño, «se acabó la cuota de anchoa asignada para el primer semestre».

Este armador de Portosín reconoce que ha emprendido el camino de regreso por obligación: «Yo no quería venir. Me gusta estar en casa con la familia, pero dedicarse a la pesquería de la sardina en estas condiciones es un sinvivir».

El profesional, al igual que lo hacen otros del sector, manifiesta que supone «un gran estrés» coger esta especie «porque hay muchísimos controles y te expones a una multa». En cuanto al hecho de que los precios puedan duplicarse en las próximas jornadas, sentencia: «Es un arma de doble filo y no compensa demasiado, porque son muchos los gastos que debes afrontar cada día. Las restricciones son cada vez mayores».

«Los barcos pescaron bien, el problema es que el cupo es insuficiente»

En la lonja de A Coruña vendió ayer sus capturas la embarcación del cerco de Portosín de Abel Carreño, quien asegura que «los barcos pescaron bien, el problema es que el cupo no es suficiente».

Señala, al igual que hacen otros profesionales del sector, que los seis mil kilogramos semanales «non chegan a nada» y comenta que para poder defender los costes laborales y de mantenimiento de los barcos se trata de una cantidad que no permite cubrir gastos, por lo que la única alternativa que queda es buscar otras especies. El problema, recalca, es que las únicas alternativas son el jurel y el cabalón.

A las afirmaciones de quienes aseguran que los profesionales están reservando la captura de sardina para fechas más próximas a San Juan, Abel Carreño se muestra contundente: «Que imos reservar se non temos quilos para coller. Só temos iso e non temos nada que gardar». Carreño asegura que el precio subirá.

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