El Boiro transita del cielo al infierno


Aparentemente, el Boiro está condenado a la desaparición, desengáñense. Dudo que haya alguien dispuesto a coger las riendas de una entidad que arrastra una deuda incierta, pero que, según todos los indicios, supera ampliamente los 200.000 euros. En las últimas semanas, he leído comentarios, incluso de cargos políticos, que aseguran que el Concello debe hacerse cargo de la entidad, e incluso abordar el pago que tiene presuntamente comprometido por esponsorización, como si fuera posible disponer de fondos públicos como quién echa mano de su billetera, y más aún en estos tiempos en los que la lupa de la Administración central está muy encima de las cuentas. Claro que eso lo sostiene quién carece de responsabilidad, y hasta algunos que, seguro, al día siguiente presentarían una denuncia por prevaricación que, si no lo saben, es un delito por adoptar decisiones ilegales a sabiendas de que lo eran.

Hace más de un año, en esta misma sección, escribí un artículo en el que decía que el Boiro estaba por encima de sus posibilidades, y no solo me refería al aspecto económico, sino al potencial de seguidores, y el tiempo vino a darme la razón, al menos en parte, porque las gradas se llenaban cada domingo y nadie había siquiera soñado con ver al equipo en Segunda B, mérito de David Places, sin duda alguna, pero también habrá que atribuir a la misma persona la catástrofe que se avecina, es decir, el mismo presidente pasará a la historia por llevar a la entidad de Barraña a su cota más alta y, posiblemente, a la más baja: la desaparición, si nadie lo remedia.

El tránsito del cielo al infierno es fruto de errores que se fueron cometiendo, pero que quedaron solapados por los ascensos y las tardes de fútbol en Barraña, como que no se apostase por una base de jugadores locales o, como mínimo, de la comarca; o que se pagaran salarios desorbitados, hasta el punto de que futbolistas supuestamente modestos llegasen a hacer declaraciones públicas más propias de equipos de Primera División -«Non se lle pode dicir non ao Boiro»-.

La experiencia en fútbol dice que hacer equipos a golpe de talonario no es garantía de nada, y menos aún en categorías de modestos, y en el Boiro se fue haciendo una bola de nieve que probablemente acabe aplastándolo y borrándolo de la competición oficial cuando hace solo un año tuvo la oportunidad de participar en una Segunda B con siete equipos gallegos y filiales de prestigio que supondrían buenas taquillas.

Sin embargo, hay casos recientes de clubes de fútbol que tuvieron que refundarse, y el paso atrás acabó convirtiéndose en el del impulso, pero también es cierto que no se consuela el que no quiere.

Autor Moncho Ares CIUDADANA

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