Los pequeños celestes que hacen grande el tiki-taka

Fran Pena, técnico del bloque infantil B del Ribeira, analizó las claves de cómo ganaron la liga y de un proyecto de 6 años


Hace seis años, el celeste Andrés Martínez proponía a su compañero Fran Pena empezar a entrenar a un equipo de la categoría base, para no desvincularse de su pasión mientras superaba una lesión. Nunca había adiestrado, pero tampoco le hacía gracia tener que estrenarse con un bloque prebenjamín. «Ás dúas semanas xa estaba pensando en deixalo», reconoce. Sin embargo, en 2018, el Atlético Ribeira de infantiles B finalizó el curso como campeón indiscutible del grupo octavo de segunda. Sí, se trata de aquellos pequeños de los que Pena no tardó en decirse a sí mismo: «Despois daquelas dúas semanas, era eu o que xa non podía separarse deles».

Estos celestes no solo han ganado la liga, entre su lista de triunfos se incluye haber sido el equipo que más tantos fabricó de la temporada, con una cifra que supera el centenar, o contar entre sus filas con el máximo goleador, Juan Tomé, que se maneja como pez en el agua en las posiciones de delantero y media punta. Y por si fuera poco, estos chicos se han enfrentado, durante toda la temporada, a una mayoría de rivales que les sacaban un año.

La evolución

«En prebenxamíns foi unha auténtica toma de contacto co fútbol, algúns comezaban a xogar por primeira vez», explicó el técnico de una plantilla nacida en el 2005, a excepción del alevín Adrián González, que no entiende de edades para exhibir su talento sobre el césped de A Fieiteira. El proyecto que Fran Pena comenzaba a construir tuvo unos sólidos y claros pilares: el juego de toque. «Comecei co básico: control pase e condución», repitió el entrenador sobre los ingredientes de la victoria.

Los pequeños no estuvieron siendo forzados a realizar grandes sesiones con carga física, como pasa en otros clubes, sino que se apostó porque todos los ejercicios fuesen siempre con el balón y combinativos, es decir, maduraron bajo la filosofía del tiki-taka. Así fue como fueron evolucionando y, la temporada pasada, ese camino se tradujo en un sexto puesto de la fase gallega de la modalidad de alevines.

Puede decirse que si un músico crece con el instrumento, los ribeirenses crecieron con el campo, y siempre bajo la mirada de Pena. Al inicio de este curso, los celestes dejaban atrás el terreno de fútbol 8 para entrar en el de fútbol 11. «Pensei que sería un ano para aprender e empaparse de conceptos, pero gañaron a liga», destacó, orgulloso, su entrenador, para desvelar que «o segredo está en que sempre tentan demostrar o que aprenderon en cada adestramento, e o vínculo forxado, pois non son compañeiros, son amigos». No obstante, Pena tiene claro que nada de esto sería posible sin los padres que los llevan a entrenar y a jugar.

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