Tres letreros a las afueras


Creí que podría dejarlo pasar. Creí que con un par de referencias sutilmente escondidas en otra crónica ciudadana sería suficiente. Creí que, precisamente, de eso se trataba todo esto, de no darle importancia a ciertas cosas, frente a otras que quizás precisan de mayor atención y análisis. A veces obvio que la sociedad ribeirense es la misma que, históricamente, solo olvida los enfrentamientos entre parroquias hasta que se pone delante algún pobre diablo de otro municipio. Sin embargo, si se imprimen camisetas con corazones y en un pleno se proponen realizar doctos estudios, debo romper mi silencio y poner todas las cartas sobre la mesa.

Lo verdaderamente grave no es que estén discutiendo si Ribeira se escribe con la maldita be o con la maldita uve, lo realmente increíble es que nadie haya reparado en la necesidad de instalar un tercer letrero. Imagínense por un momento que una pobre familia de turistas está a punto de completar el mejor viaje que uno puede proponerse ?el que lleva a la ciudad de la polémica, por si acaso?, y circula por la Autovía do Barbanza deseosa de otear algún elemento que le indique que al fin su trayecto ha llegado al término, y cae en la trampa de tomar la salida de Palmeira. Quizás atraída por el cartel de salida -«Oh querida, es una villa marinera, la primera visita debe ser viendo el puerto»-, quizás atraída por una aplicación de controles de Tráfico. Mas, ¿cómo van a saber que han llegado a «Riveira» si el letrero con el que cuenta la entrada por la avenida da Coruña estará al revés para ellos?

La única solución posible pasa por la construcción inmediata de un nuevo indicador, -por supuesto, da igual esa nimiedad de si sale una be o una uve- en la rotonda que da acceso a la avenida da Paz. Mientras sigamos peleándonos y discutiendo por la grafía habrá personas que llegarán a la punta de una comarca sin saber exactamente dónde están. En estos mismos momentos puede haber madrileños que estén consumiendo en A Pobra -ni duden un segundo que lo llamarán Puebla- después de haber dado media vuelta ante la falta de señales claras en su sentido de la marcha.

Habrá necios que se atreverán a insinuar que «os que chegan ata aquí é porque xa o planearan adrede» o «pero cando dean a volta á rotonda xa se darán conta, ¿non?». A todos ellos les digo que si hubieran utilizado solo una mínima parte de su tiempo e intelecto, desaprovechado en digerir la ironía de este texto, quizás este debate nunca hubiera alcanzado la magnitud que alcanzó. Para mí, como en la película del guiño, los letreros me servirán para recordar todas las cosas que aún están por resolver.

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