¿Era necesaria esa foto en urgencias?


Nuestra mortalidad nos ha obligado a visitar la sala de espera de urgencias. Con más o menos dolor nos hemos sentado en esas sillas rígidas, visiblemente afligidos, temerosos... En una sociedad que lo quiere todo al instante, esas habitaciones funcionan como metáfora de que, si lo que necesitas es realmente importante, no te queda otra alternativa que esperar lo que sea necesario para conseguirlo.

No guardo grandes recuerdos de ninguna de esas habitaciones. No es un sitio al que me guste volver. Creo que cualquiera que haya sufrido un poco en una de ellas prefiere no regresar nunca más. Es por esto que me sorprende la última moda de la generación millenial, a la que pertenezco en cierta manera. Esclavizados al teléfono móvil, lo primero que hacen al llegar al ambulatorio de turno es sacarse la fotografía de recibo. Adictos a Instagram, Facebook y Whastapp, encuentran en las redes sociales su mecanismo para difundirla.

Frases como «mal día», «otra vez aquí», «esperando» o iconos cutres de una jeringuilla completan la fotografía en la que el enfermo aparece con una sonda en el brazo o con la mítica pulsera identificativa. ¿A que habéis visto más de una en la última semana? Estoy prácticamente seguro de que muchos de los que acuden a urgencias se quedarían en casa si dentro del Hospital no les dejasen inmortalizar el momento. «¿De qué vale ponerse enfermo si no puedes dar un poco de pena a través de Internet?».

No cabe duda de que la tecnología ha mejorado la calidad de vida de todos nosotros, solo hay que ser justo para valorarlo así. El problema parte de que muchos se han mimetizado tanto con sus perfiles de Facebook e Instagram que su autoestima nace y muere de lo que ocurra a través de la pantalla del teléfono móvil. Puedo entender esas fotos en la playa con ese mensaje de «disfrutando», el vídeo en directo de un concierto de Foo Fighters o un selfie en un viaje de vacaciones por Roma. Con excepción de la foto en la playa, que no es más que mero postureo, el resto son momentos que no está de más inmortalizar.

Al final, las redes sociales se han convertido en el álbum de fotos del bautizo, de la comunión, de la boda... al que correspondes con un «Qué bonito!», más por obligación social que porque te importe lo más mínimo. Todos tenemos en algún rincón esa foto vestidos de marineros o princesas que cuando somos críos intentamos ocultar hasta que llegados a la madurez empezamos a mirarla con una sonrisa. ¿Qué pensarías de una persona que tiene en la mesilla de noche una foto suya esperando en la sala de urgencias? Pues eso, ¿Era necesario sacarla?

Por Álvaro Sevilla CIUDADANA

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