Campechano


Antes de nada, he de advertir a los posibles lectores que una no es muy objetiva al abordar el recuerdo y valorar la huella que ha dejado esta semana tras de sí Carlos López Crespo, al no superar su particular batalla con el destino. Quien suscribe lo trató en bastantes ocasiones, compartiendo momentos distendidos, de bromas y confesiones. Por eso cuando busco la definición de campechano en el diccionario de la RAE y leo «que se comporta con llaneza y cordialidad, sin imponer distancia en el trato. Franco, dispuesto para cualquier broma o diversión. Dadivoso, afable, sencillo», simplemente echo en falta su foto al lado, para ilustrar con mayor detalle humano tan lustroso adjetivo. El de verdad, el que se gana con una vida llena de valores, buen humor, honradez y humildad. No el que otorgaban al emérito con cierto servilismo y sin mayor merecimiento que el de querer regalarle el oído.

Decir esto de quien estuvo durante tanto tiempo vinculado a la política es mucho. Un campo donde se aplicó con las mismas virtudes que en su faceta personal. Cercano, sincero, crítico, comprometido. Capaz de asumir errores aunque fuesen ajenos. Que diseccionaba cualquier controversia con una pasmosa clarividencia y sencillez, buscando puntos de encuentro, sosegando el debate.

Una persona que hoy estaría muy triste al ver cuanto ocurre alrededor de su partido. Lo veo asumiendo el problema, haciendo un sincero examen de conciencia y exigiendo responsabilidades. Para rematar con algún ocurrente chascarrillo y su enorme sonrisa. Se le echará de menos en lo personal y, con la que cae, mucho más la política.

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