La maraña burocrática retrasa más de dos años el inicio de obras públicas

Varios concellos tienen en ejecución actuaciones cuya tramitación se inició en el 2015

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ribeira / la voz

Dificultades para conseguir permisos de otras Administraciones, cambios en la ley de contratación para aumentar las exigencias y falta de personal forman un cóctel difícil de digerir para los concellos, que ven como cada vez acumulan mayores cometidos y aumentan sus dificultades para hacer frente a todo. La maraña burocrática no les facilita las cosas, todo lo contrario, hasta el punto de que el retraso en el inicio de obras públicas va incrementándose a medida que transcurre el tiempo y, en algunos casos, supera ya los dos años.

Un buen número de alcaldes, especialmente los de aquellos municipios con mayor población, tienen claro que los proyectos del Plan Único 2018 que la pasada semana aprobó la Diputación no comenzarán a ejecutarse hasta el 2019. Posiblemente, muchos ni tan siquiera se liciten antes de la entrada del nuevo año.

El mandatario rianxeiro, Adolfo Muíños, reconoce que «hai un retraso». Explica, por ejemplo, que se han modificado los pliegos de condiciones para adjudicar las actuaciones de la Diputación y que también se han cambiado otras normativas: «Cando hai novas leis, toca poñerse ao día». Explica que debido a escollos burocráticos, en parte motivados por la demora en obtener una autorización de Augas de Galicia, está todavía pendiente de ejecutar una obra de saneamiento en el núcleo de Foxacos, en Araño, proyectada hace un par de anualidades.

Situación similar es la que se vive en Porto do Son, donde se está acometiendo en la actualidad la adecuación del acceso a la zona de A Atalaia. Se trata de una obra del Plan de Cooperación Provincial y, según consta en el cartel situado al inicio de la calle, el proyecto data del 2015.

En Corrubedo

Tampoco se libra del problema el Concello de Ribeira, cuyo alcalde, Manuel Ruiz, señala que una mejora del 2016, que afecta a la calle Delicias de Corrubedo, todavía no se ha iniciado. El regidor comenta que «la mayoría de las correspondientes al 2017 están sin empezar y que las de este ejercicio tendrán que aguardar hasta el 2019». Ruiz Rivas, al igual que otros alcaldes, precisa que los departamentos de Urbanismo están sobrecargados de trabajo y que el laborioso proceso de contratación no permite agilizar más los trámites.

Cabe pensar que ayuntamientos como el ribeirense reciben una media de 30 o 40 ofertas para obras de carácter menor. Un ejemplo de ello es el caso del proceso convocado para la instalación de un pozo de bombeo y una red de saneamiento en el lugar de Revaleiras, en Palmeira. Se trata de una intervención presupuestada en poco más de 67.000 euros a la que han concurrido 31 firmas.

El regidor boirense, Juan José Dieste, afirma que sí se producen algunas demoras motivadas por la nueva ley de contratación. Explica que intentan llevar todo al día, pero comenta que, por ejemplo, hay demoras en la ejecución de las aceras de Escarabote y en una parte de la intervención en el estuario del río Coroño.

Menos contratiempos parecen tener en ayuntamientos más pequeños, como puede ser el caso de Mazaricos. Su ventaja es que a los procesos de licitación concurren menos empresas, con lo que el número de documentación a revisar se reduce considerablemente. Sin embargo, explican fuentes municipales, la cantidad de trabajo que debe llevarse a cabo dadas las nuevas exigencias es muy elevada.

La ejecución de los presupuestos en lo que respecta a la inversión también se resiente

La demora en la materialización de los proyectos supone un contratiempo para las Administraciones locales a muy diversos niveles. Ya no se trata solo de que las obras se acometan más tarde de lo previsto, sino que la ejecución de los presupuestos, en lo que concierne a la inversión, también se resiente.

Lo explica el mandatario ribeirense, Manuel Ruiz, quien calcula que, a estas alturas, el porcentaje del capítulo inversor que se gastado ronda el 25 %.

Cabe señalar que con las limitaciones que hasta ahora tenían los ayuntamientos para destinar dinero a obras, buena parte de las que se ejecutaban correspondían a los planes que se suscriben con otras Administraciones. Si estas no se acometen en tiempo y forma, el plan económico se ve afectado.

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Escollos

Con el propósito de ser garantistas, las Administraciones superiores han establecido unas pautas a la hora de contratar. Por lo que parece, esto no permite evitar la picaresca, cuando la hay, pero lo que sí consigue es que el proceso de licitación se vuelva más farragoso. Incluso, hay compañías grandes que saben perfectamente qué deben hacer para presentar varias propuestas y quedarse al final con la obra pretendida.

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