Trueque de obras de arte por comida para animales abandonados

Alumnos de Palmeira reciclaron materiales para crear piezas de museo y venderlas en un mercadillo solidario


ribeira / la voz

Sin quererlo, el mercadillo solidario del CEIP de Palmeira coincidió ayer con el Día Internacional de los Museos. Y la verdad es que la fecha le vino como anillo al dedo. Las piezas que se expusieron en esta iniciativa escolar enmarcada dentro de Voz Natura, un programa de La Voz de Galicia desarrollado por la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre, bien merecían su hueco en alguno de los centros culturales de Barbanza. Por eso fue todo un éxito. Vecinos y familiares de los pequeños artistas realizaron el trueque de estas obras de arte por comida para animales abandonados. Lo mejor de todo es que los materiales que se utilizaron en su elaboración eran reciclados. Cedés decorados para hacer las veces de posavasos, cajas de madera a modo de joyeros elaborados con los palos de helados, collares de anillas de latas de refrescos, broches... Había para todos los gustos.

Los alimentos serán entregados en los próximos días a Callejeros Barbanza, una entidad que ayuda a los animales sin hogar. Los niños conocen bien su trabajo a favor de los perros y gatos, pues no hace mucho que algunos de sus integrantes visitaron el centro con la perrita Lúa y llevaron a cabo una actividad de concienciación.

Todos los alumnos se involucraron en esta iniciativa, que llevó por título Un graniño de area y que combinó una vertiente social y otra de cuidado de la naturaleza. Las primeras ventas comenzaron en el recreo y estaba previsto que se extendiesen en horario de tarde para todos aquellos interesados en contribuir con esta buena causa. La coordinadora del grupo de medio ambiente, Katy Fernández, destacó la gran implicación del alumnado, ya que no solo elaboraron las piezas en clase, sino que muchos las trajeron desde casa y derrocharon creatividad para obtener resultados sorprendentes.

Patio sensorial

Los alumnos del CEIP de Palmeira están deseando que llegue el recreo, pero no solo para jugar a la pelota. El colegio ha estrenado un patio sensorial que da vida a una zona abandonada y que ya es la preferida de muchos. Aprovechando los troncos de algunos árboles talados y hasta el tablero de una canasta, se han instalado mesas y diferentes juegos. Una visita de los profesores al trastero valió para llenar este espacio de juguetes tradicionales. Ahora los pequeños se entretienen como lo hacían sus abuelos. También con palos y piedras, y aunque en un primer momento se extremaron las precauciones para evitar accidentes, los docentes afirman que los críos para lo único que los utilizan es para hacer volar su imaginación.

Este centro educativo es cada vez más conocido en la comarca por su compromiso con el medio ambiente y por una educación que va más allá de los libros.

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