El uso de cepos en equinos se dispara con una veintena de casos

Colectivos animalistas señalan el área barbanzana como la segunda zona con mayor número de incidencias de Galicia


Ribeira / La Voz

La práctica de colocar cepos -también conocidos popularmente en gallego como pexas- en las patas de los caballos para evitar que estos se desplacen no ha descendido con el paso de los años en la comarca. Es más, colectivos animalistas como Libera o la Fundación Franz Weber alertan de que sigue en alza con una veintena de casos registrados, el último, a principios del pasado mes por un senderista en el lousamiano monte Muralla.

Se trata de una situación extendida por todo el territorio gallego, pero que tiene una especial incidencia en las comarcas de Barbanza, Muros y Noia, tal y como se desprende del mapa que han elaborado conjuntamente las dos asociaciones anteriormente citadas. Después de la zona de Pontevedra, estas aglutinan el mayor número de denuncias, con una veintena.

«Nós contamos con que isto é só unha pequena parte do problema», destacó Rubén Pérez, integrante de Libera y de Franz Weber, refiriéndose a que el método de recopilación de datos, a través de particulares, no permite recoger todas las situaciones y que, a medida que llega el buen tiempo, estos casos se visibilizan porque hay más gente paseando.

Cadenas camufladas

«É un problema histórico. Estes animais non adoitan a estar identificados, a pesares de que a Unión Europea obriga a que leven un chip ou un localizador», destacó Pérez, para indicar que el argumento más frecuente esgrimido por los propietarios de animales que colocan cepos es el de que estos cuentan con una marca grabada con fuego o nitrógeno líquido, y que se introducen en un registro.

«Cando nós recorremos á Fiscalía para poñer en coñecemento estas marcas, misteriosamente o rexistro nunca aparece», apuntó el activista con más de una década de trayectoria.

«A práctica evolucionou, pasamos das clásicas pexas a cadeas e cordas ocultas con tubos de mangueiras entre a vexetación», explicó Pérez de una tendencia que cuenta con complicidad vecinal en zonas de carácter rural.

Mutilaciones y estrés

«Nós tamén fixemos denuncias, sobre todo do monte de Rianxo. É un delito que nunca se paga, en todo o tempo só teño constancia dunha sentencia», expresó José Carlos Vidal, presidente de Vox Ánima, un colectivo que ha trabajado codo con codo con Libera.

El naturalista enumeró los efectos de estas ataduras; desde deformaciones en el andar, condiciones extremas de estrés y daños psicológicos, limitaciones para huir de depredadores y catástrofes, así como infecciones en patas que se tornan en amputaciones o en muertes con larga agonía: «Tralos incendios do 2016 apareceron moitos cabalos calcinados con pexas. É incrible que este tipo de cousas sucedan en pleno século XXI».

La Lei de Benestar Animal no protege de esta práctica a caballos y burros

«Cando se tramitou a Lei de Benestar Animal excluía aos cabalos deste ámbito de protección, ao revés do que sucedía coa normativa anterior de 1993», señaló Rubén Pérez de una «marcha atrás» que supuso una merma de los recursos legales para denunciar esta práctica de maltrato.

«Agora temos que derivarnos a unha lei estatal de transporte e sacrificio e a un decreto sobre identificación equina», explicó el miembro de Libera de hechos que les han forzado a acudir al código penal. «Pero moitas veces o Seprona descubre que gandeiros condenados seguiron tendo animais, quizais fose máis eficaz unha sanción administrativa».

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