Ojalá pongan vuestra foto en los autobuses


Nunca quise tener que escribirte, pero que sepas que no solo te creo, sino que me pongo en tu piel. Porque para exponerse al trago de recordar la barbaridad de aquella noche en la que tuviste la mala suerte de encontrarte con cinco malnacidos hay que estar muy segura de la verdad. Y porque esos cinco no solo se merecen que sus fotos se peguen en los autobuses y circulen por todas las redes sociales habidas y por haber, sino que el peso de la conciencia no les deje cerrar los ojos un solo segundo sin sentir lo que tu tuviste que sentir.

No hemos avanzado nada, son muchos los que nos hacen la zancadilla. Lo mejor va a ser que no salgamos de fiesta, que no hablemos con desconocidos y que si aún así un día nos meten en un portal, no pongamos resistencia no vaya a ser que nos maten. Bueno, quizá así la Justicia se ponga de nuestra parte, aunque ya estemos en el más allá, en un mundo más justo. O también podemos seguir saliendo a la calle a manifestarnos para que nuestras hijas sí puedan volver solas a casa. Porque la sentencia de La Manada es un nuevo mazazo y nos trae inevitablemente al recuerdo a Diana Quer, que aquella noche caminaba sola.

Me parece un insulto a la inteligencia de las mujeres que tres jueces -entre ellos una dama- nos digan que lo que hicieron estos cinco animales fue un abuso y no una violación. Supongo que ellos o no tienen o no pensarán en sus hijas. Por no hablar del revoltijo de tripas que me produce el voto particular de uno de los magistrados que incluso pide su libertad al considerar, entre otras perlas, que se percibe jolgorio en los actos. En materia de género e igualdad hace falta mucha formación, desde los colegios hasta las facultades de Derecho.

Reconozco que no soy profesional de esta rama, que no conozco las leyes y sé perfectamente que los acusados ya han pasado una temporadita en la cárcel, pero pensar que podrían estar fuera en un par de años es algo que entrará en la cabeza de algún juez, pero que desde luego ha encendido a la sociedad y va a ser difícil apagar la llama. De momento, nos queda agarrarnos al hecho de que ella no está sola, somos muchos los que alzamos la voz para que su caso no pase al olvido, y a las últimas noticias sobre la intención de la Fiscalía de Navarra de recurrir la sentencia al considerar que fue una violación con todas las letras.

No hay derecho a que nos sigan educando como si tuviésemos que vivir con miedo, siempre alerta, en lugar de enseñarles a los hombres un poco más respeto. No hay derecho a que no haya ni un solo mes del calendario que no lamentemos víctimas de violencia de género. No hay derecho a tantas cosas que a veces me pregunto si servirá para algo esta Justicia que supuestamente nos ampara. Quizás haya sido solo una pesadilla y mañana nos despertemos con mejores noticias. Aunque me temo que cuando empecemos a olvidarnos de este terrible suceso llegará otro que nos llene de rabia.

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