Un San Marcos entre las 78 primaveras de Genebrando y los 6 años de María Belén

A la vista del variopinto público que ayer se congregó en la cita noiesa, el relevo generacional parece asegurado


Noia / La Voz

Gente (mucha), caballos y maquinaria. Con esas palabras podría resumirse lo que uno se encuentra al primer golpe de vista cuando acude Noia con motivo de las fiestas de San Marcos. Sin embargo, a poco que se rasque la superficie y el visitante se introduzca de verdad en una feria con una tradición centenaria descubrirá las historias de quienes se resisten a que la tradición de la festividad sea solo un recuerdo y de quienes están llamados a darle continuidad. La buena noticia es que, en vista del variopinto público que acude a la cita anual, el relevo generacional parece garantizado.

El seguimiento de la feria caballar de San Marcos es algo que se transmite de generación en generación, y desde edades bien tempranas. Así que ayer en la zona de San Lázaro, donde se concentraba la actividad, podía verse a muchos niños. La mayoría acudían a la feria en calidad de público junto a sus padres y abuelos, pero también los había compitiendo, como la pequeña María Belén, que a sus 6 años se marchó a casa con su diploma por el tercer puesto alcanzado por su poni, Cas Bella Negrita.

Venía desde Teo y estaba con su madre: «Xa desde que naceu a nena, seu pai se encargou de introducila no mundo dos cabalos». No se pierden una cita con el San Marcos porque el amor por los caballos les viene de familia «e seguimos coa tradición».

Toda la vida

Los 6 añitos de la pequeña contrastan vivamente con las 78 primaveras de Genebrando Castro, que atrajo todas las miradas con el espectacular coche de caballos con el que recorrió la pista en la que se desarrollaban las competiciones equinas.

Hace un cuarto de siglo que este vecino de Outes acude al San Marcos y a las otras citas caballares más importantes, como la Ascensión y el Apóstol en Santiago o la Pascua de Padrón. «Eu xa nacín no medio dos cabalos. Tiven cinco, pero agora xa imos vellos e teño este só», cuenta. El animal se llama Tarauto y es un imponente ejemplar que lleva 14 años con Genebrando y que tira de un carro no menos espectacular: «Este coche veu de Polonia e debe ter 25 anos. Na casa teño outro más antigo, terá 50 anos polo menos, pero non é tan bonito coma este».

Aprovecha el San Marcos para lucirlo, pero también lo hace llevando a parejas de novios el día de su enlace o en la celebración de aniversarios especiales: «Xa fixen tamén dúas vodas de ouro», cuenta. «E unhas de prata, as miñas», apostilla un hombre que se acerca a saludar al jinete. Genebrando se despide, va a llevar a dar un paseo a una mujer con sus dos hijas: «Por darlles unha volta pequena non lles cobro nada que, total, sen cartos xa estou».

Larga tradición

Hace cerca de 40 años que Juan Villa acude a Noia cada 25 de abril desde Arzúa con sus guarniciones y demás equipamiento para caballos y jinetes, y explicaba cómo han cambiado las cosas en este tiempo: «Por ser, máis bonito é agora. Antes era unha feira de compra e venda de gando e agora é un día máis para pasear».

De aquellos tiempos en los que la villa noiesa se convertía en epicentro de la actividad mercantil también se acuerda Miguel, que ahora introduce a Noa en una larga tradición en su familia: «A nós vénnos de antigo, desde que eu recordo sempre tivemos cabalos. De pequeno viña cos meus avós, que eran gandeiros e viñan vender». Como las marcas de los equinos, esa tradición sigue grabada a fuego y cada año, como un devoto, acude a la cita a lomos de su caballo: «Vimos desde Xuño a cabalo, fixemos os 35 quilómetros en menos de dúas horas».

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