Lágrimas en la despedida

Gonzalo Trasbach (IN)SOMNIUM

BARBANZA

24 abr 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El catolicismo mediterráneo aquí, en Manhattan, un lugar que previamente tenía imaginado como puritano, es más que una ráfaga de luz y calor. Sentado en la catedral de St. Patrick, abarrotada de fieles y con un excelso coro de voces, recordé que los poetas y escritores Charles Olson y Jack Kerouac eran católicos y de familias obreras. Después pensé que también nosotros habíamos sido puritanos a nuestro modo. Eso sí, llevábamos vaqueros y chaquetas de pana, lo que nos convertía en progres. Corrían los años 70, que comenzaban a realizar el trabajo sucio después de los excesos de los 60 recogidos en fotos de colores de Kodak, de los festivales no tan libres como se decía y con las revoluciones reventadas y cuyos restos yacían en las cunetas, muertas como Billy The Kid con su pistola.

Y cuando nos sentamos a tomar café en la fabulosa Public Library, me vi remontando el tiempo hasta mis dos primeros veranos en Londres. Aquel manso chaval aldeano y asustado en el mercado de Camden Town, donde los inquietos jóvenes ingleses se citaban en las inmediaciones de una librería llamada Compendium, y donde se podían adquirir importaciones de US, teóricos franceses y manuales New Age.

Entonces, experimenté por vez primera lo que significaba echar de menos a mi país. Mas ahora también sabemos que es mucho más fácil ser hereje hoy en día. Entre otras razones, porque existen más religiones o capillas dispuestas a condenarte o a matarte.