Los tiburones huelen los votos


Como los tiburones sienten la sangre en el agua, buena parte de los políticos locales huelen los votos, especialmente aquellos que han convertido el digno papel de portadores de la voluntad del pueblo en el sayo propio, con el que hacen (o quieren hacer) lo que les place. Craso error transformar la representación pública en una forma de vida, porque eso suele confundir el concepto, y como decía Manquiña, el concepto es el concepto, expresión simpática, sin duda, pero carente de aplicación si no se concreta.

Y digo que algunos tiburones, perdón, políticos, huelen los votos, porque estamos a un año vista de la convocatoria de las que serán las décimas elecciones municipales de la democracia y se percibe nerviosismo en algunos que creen posible alcanzar los puestos de privilegio, porque mueven la cola aleteando como los escualos cuando perciben la presa herida que va dejando un rastro plasmático. Tengan cuidado, no se cieguen, no vaya a ser que dentro de ese apetitoso bulto carnoso se encuentre un anzuelo mortal en el que el cazador acabe cazado y, consecuentemente, en la cesta de un ávido pescador.

Me da que en los comicios locales con tantos visos de ser conmemorados por su condición de décimos volverán a pesar exponencialmente los errores ajenos frente a los aciertos locales, atomizando todavía más el reparto de votos, lo que puede suponer el fin de mayorías absolutas en algún otro concello de la comarca. Si bien es cierto que el lado bueno de ello es que obliga a los gobernantes a negociar, tiene su lado malo cuando se hacen operaciones como las que ocurrieron en A Pobra o Muros, favoreciendo ejecutivos para dejarlos en minoría y reduciendo al mínimo los acuerdos a modo de castigo, cuyo único perjudicado es el ciudadano que asiste al paso del tiempo viendo como los resultados de la gestión se quedan en los menores que la ley permite aprobar al grupo dirigente.

Probablemente la cita con las urnas de la primavera del 2019 vuelva a estar condicionada por los escándalos políticos que no dejan de sorprendernos, si es que nos queda capacidad de sorpresa, visto lo visto hasta ahora, pero seguramente marcarán un antes y un después en la gestión municipal, porque el lobo Montoro parece que, por fin, permitirá estirar la manga después de estos largos años de apreturas, aunque lo hará de forma contenida.

Me permito recordar a algunos tiburones, perdón, políticos, que aún quedan por delante una docena de meses y que deben sosegarse y dosificar el esfuerzo, no vaya a ser que cuando lleguen a la línea de meta ya no les quede aliento para afrontar el esprint y se queden con un palmo de narices, o en la cesta del ávido y paciente pescador.

Autor Moncho Ares CIUDADANA

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