Catálogo de infamias


La jornada partida, las camas sin hacer, las llamadas perdidas, el puñal que zurce las entrañas cuando uno recuerda qué ha hecho con su vida, no merendar, la frialdad con que se puede dar un abrazo, ser grosero con quien trabaja cara al público, comprar por Amazon, ver robos y conspiraciones en cada partido de fútbol, la condescendencia, preocuparse, Telecinco y olvidar los bastoncillos usados en el lavamanos.

El insomnio, la semana fantástica de El Corte Inglés, vivir más a través de una red social que del mundo, los preservativos XL que se ríen de ti desde la estantería, las siestas que cansan, el nudo en la garganta, el sillón del abuelo sin él, besar sin ganas, que te digan: «¿No tienes nada que decir?». Y tener tanto que decir que no dices nada, las playas llenas y las películas de adolescentes ansiosos por perder la virginidad.

La gente que se ofende, la gente optimista, la gente pesimista y la gente en general. El skyline de Ribeira, tomarse demasiado en serio a uno mismo, la autoestima baja, olvidar el olor de la casa de los amigos de la infancia, los vestidos para perros, tener todo el tiempo del mundo cuando es inútil esperar y el último tango en París… de Noia.

El pan bimbo, «¿no has visto Juego de Tronos?», conducir un monovolumen sin ser torero, la universidad, todo lo que termina, escribir sin esmero. No querer mirar al faro y varar tu navío en una dársena de quietud, donde permaneces dolorosamente clavado a un pasado sin retorno, al sueño de la juventud perdida y la neblina del futuro incierto. Esta última me duele, te lo juro, me duele.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
53 votos
Comentarios

Catálogo de infamias