Con «v» de Ribeira


Palmeira

U n técnico noruego, empleado mío allá por los años noventa y tantos, con un interés enorme en aprender castellano, se armaba un buen lío con nuestra pronunciación de las uves y las bes. «¡Oh! dijiste Ribeira… ¡Oh! Tú dices Riveira» y francamente no era fácil hacerle entender que la palabra que define a la capital de nuestro ayuntamiento, no servía como ejemplo para practicar articulación y vocalización, por mucho que él se esforzase en mover la lengua, los labios y hasta la glotis. Era tal su interés por el idioma que, en una ocasión, cuando un policía Ribeira le preguntó si era suyo el Polo azul que estaba mal aparcado, le respondió: «¡Oh! Pollo, gallina, no azul». Y seguro que algún miembro del cuerpo todavía se ríe cuando lo recuerda.

Pero al bueno de Trond -así se llamaba- lo que no le cabía en su fría cabeza (solía dormir en el Áncora, con la ventana abierta y la cabeza fuera), es que Ribeira se escribiese de dos maneras distintas, según quien fuese el interlocutor. Y así, con su natural bonhomía y prudencia, empezó a fijarse en la manera que cada uno tenía de vocalizar la uve o la be de Riveira/Ribeira y, al no hallar diferencias culturales o de clase e, quiso saber el porqué de la diferencia ortográfica. ¿Cuál era la explicación? ¿Qué las autoridades locales se saltaban la ley? Era difícil que lo pudiera entender, y su confusión se volvía mayor al ver el nombre escrito con be, en otros letreros de vías y edificios públicos. Al final no tuve más remedio que decirle la verdad: «El alcalde quiere que se escriba con uve». Me miró extrañado y me respondió: «¡Oh! El alcalde de Bergen la escribe solo con be».

Dejé quedar la cosa como estaba y, para evitarle mayor confusión, no quise contarle la curiosa respuesta del alcalde actual a una pregunta mía en un desayuno informativo: «¿Va usted a dar cumplimiento al fallo del Valedor do Pobo y cumplir la Lei de Normalización Lingüística?». Respuesta: «Voy a esperar a que se acaben los impresos existentes y luego nos adaptaremos a la normativa de la Xunta». Cómo cuesta eso de cumplir la ley sin dejar descontentos a los suyos. Y, por ser reciente la noticia: ¿qué diría el amigo Trond Aeserüd si se encontrase hoy en la rotonda de Xarás, en duro granito, la v de Ribeira? Cualquier día aparece por aquí y seguro que no lo entenderá. José Vicente Domínguez. Palmeira

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