Jorge Abal: «Antes el Liceo era el epicentro de A Pobra, ahora tratamos de resistir»

Asegura que es difícil atraer socios, sobre todo entre las nuevas generaciones


ribeira / la voz

Se convirtió en socio del Liceo Pueblense cuando tenía 15 años porque, como asegura, por aquel entonces era casi obligatorio pertenecer a la entidad para tener vida social. Y con el último cambio de siglo, Jorge Abal asumió las riendas del club con un grupo de amigos, de los que se siguen reuniendo en las instalaciones para pasar el tiempo libre y rememorar viejos tiempos. Señala que el objetivo número uno en estos momentos es resistir y el segundo, tratar de captar nuevos socios, sobre todo entre la juventud, para garantizar el futuro de una asociación en la que se hace bueno el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Lejos quedan los 700 integrantes que llegó a tener este liceo en su época dorada. «Aquí teníamos unas ofertas de ocio que no encontrábamos en otros lugares, como billar y televisión para ver los partidos de fútbol y baloncesto. Había, y todavía hay, una buena biblioteca. También se disputaban diversos campeonatos. Yo llegué a jugar al ajedrez sin mirar al tablero, con todas las jugadas grabadas en la cabeza», recuerda con añoranza Jorge Abal.

Ahora, el número de miembros no llega a los 300, una cifra que sufre periódicamente bajas, a raíz del fallecimiento de socios, pero que apenas registra altas: «Antes el Liceo era el epicentro de A Pobra, ahora tratamos de resistir». Y eso que, junto a sus más estrechos colaboradores, el presidente está continuamente presentando novedades: «Tenemos muchísimas actividades y hay que reconocer que, desde que empezamos a lanzar propuestas dirigidas al público femenino, mejoramos tanto que hoy en día ellas representan más de la mitad de los socios y puede decirse que mantienen la entidad».

Jorge Abal todavía recuerda la época en la que solo el cabeza de familia podía ser miembro de la entidad e incluso tenía que ser presentado por dos socios: «Todos los vecinos querían pertenecer al Liceo». No hace mucho se enteró de que su madre, Mercedes Caamaño, fue la primera mujer que entró a formar parte de la asociación: «Me lo dijo un compañero que fue un gran secretario y que falleció».

Anécdotas y sueños

El presidente recuerda con nostalgia los divertidos momentos que pasó en las instalaciones de la sociedad: «Éramos unos chavales y poníamos cada uno un duro y, con la ayuda del cantinero, montábamos guateques. Por el día también estábamos siempre aquí metidos, hasta el punto de que me tiene venido a buscar algún profesor y el cura, porque en vez de ir al catecismo estaba aquí jugando al billar».

Asegura que el cariño que le tiene al Liceo Pueblense le impide arrojar la toalla. Acude a diario a la sede. Su actividad preferida son las tertulias: «Pasamos el tiempo hablando de temas de actualidad, un día de fútbol, otro de política... lo que sea». Pero reconoce que le gustaría ver más ambiente en las instalaciones, jóvenes dispuestos a coger un día el relevo: «Ese es mi gran reto. Estaríamos dispuestos a fijar para ellos una cuota simbólica, que no les supusiera un gasto excesivo, pero reconozco que somos incapaces de encontrar un gancho que los atraiga».

Jorge Abal cree que los jóvenes de hoy en día tienen un amplio abanico de actividades de ocio a su alcance y por eso no se implican en proyectos como el del Liceo: «Se divierten de otra forma, no tienen las mismas inquietudes que teníamos nosotros, son más de botellón». Pese a ello, asegura que está dispuesto a seguir luchando para que su sociedad, por lo menos, aguante.

La directiva. Junto a Jorge Abal dirigen el Liceo Pueblense José Santalla, vicepresidente; Gumersindo Fernández, secretario; Francisco Otero, administrador; y Senén Cortizo, tesorero.

Celebración. La entidad pobrense festejará el día 28 su 85.° aniversario con una cena. El plazo de inscripción está abierto.

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